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La matriculación en los colegios francófonos belgas, toda una aventura

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La matriculación en los colegios francófonos belgas, toda una aventura

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Acampadas, colas gigantescas y hasta negocio. Son las consecuencias del decreto del gobierno de la Comunidad Francófona de Bélgica, para regular la matriculación para el próximo curso.

El principio de la norma es bien simple, el primero, es el primero, como explica el padre de un alumno de sexto curso:“Esto es la igualdad para todos. El primero es el primero, los enchufes no sirven, y no hay más”.

Algunos padres y madres de alumnos llevan dos noches al raso. El espíritu de la medida es evitar la asignación de plazas a dedo y lograr un reequilibrio en la calidad de la enseñanza. Pero las colas provocan situaciones dantescas.

“Es una buena idea para evitar la discriminación, el problema es que genera otra discriminación, de tipo físico porque hay gente que por motivos de salud no puede estar aquí haciendo cola, ellos también están discriminados”, comenta otro padre.

Este es el caso de una madre que tiene que atender a un hijo discapacitado. Ha pagado 500 euros a un joven para que haga la cola en el colegio donde quiere matricular a su otra hija.