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Manchester en busca de la revolución verde

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Manchester en busca de la revolución verde

 Manchester en busca de la revolución verde
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El edificio de paneles solares más alto de Europa alberga el Palacio de Justicia de Manchester, la tercera ciudad en población del Reino Unido. Se trata de uno de los nuevos signos de identidad de una metrópolis, que fue la cuna de la Revolución Industrial y que quiere reconciliarse con la naturaleza.

La calidad del medioambiente es hoy el principal atractivo de las ciudades, tanto para sus habitantes como para los inversores, porque no debemos olvidar que el 80% de las emisiones de gases de efecto invernadero, proceden de las actividades urbanas.

¿Cuáles son las recetas para reducir el impacto ecológico en el Gran Manchester? La primera, lograr la implicación de todos: colegios, universidades, municipios y empresas. Este es el objetivo del programa “Manchester is my planet”, que pretende informar, asesorar e impulsar los proyectos más innovadores.

“Animamos a las autoridades locales a examinar sus políticas para que todas sus actuaciones en el Gran Manchester se fijen en el cambio climático. A este nivel, que el cambio climático figure en la agenda, es un paso importante”, en opinión de Keith Boxer, responsable de “Manchester is my planet”.

Boxer está convencido del éxito de la iniciativa: “Tenemos el estímulo de la Revolución Industrial, es la herencia que dejamos al mundo. Por eso, la gente está muy interesada en que esta nueva revolución verde tenga lugar en el Gran Manchester”.

El programa “Manchester is my planet” invita a sus ciudadanos a comprometerse, a través de Internet, con la reducción de sus emisiones de dióxido de carbono (CO2).

20.000 personas han suscrito el formulario ecológico. Todavía son pocos si los comparamos con los 2.500.000 habitantes de esta metrópolis. Pero algunos como Mary esperan que cunda el ejemplo. Vive con su compañero Simon y su hija de dos años, Amber, en un barrio de Manchester. El reciclaje es intensivo en su casa. Usan pañales lavables, tienen un coche que funciona con biodiésel y evitan viajar en avión.

“Esto es lo que anima a la gente a integrarse en la comunidad. Probablemente la mayoría de nosotros pensamos que es una gran aportación para reducir la huella de nuestros desechos, pero sientes que formas parte de algo más grande y ese optimismo evita que te parezca algo tan estrafalario”, explica Mary.

Pero el reciclaje doméstico es, en su opinión, muy caro todavía. Mary espera una mayor implicación de las autoridades. “El Gobierno debería comprometerse mucho más”, dice Mary, “me explico, vas al supermercado y ves montones y montones de rollos de papel, evoltorios, pañales desechables, de esos que no se pueden reciclar. No deberían venderlos o deberían ser más caros”.

La industria es otro de los caballos de batalla de las autoridades frente al cambio climático. Aunque el mensaje es bien claro: gastar menos materias primas y menos energía. El resultado es ser más competitivos.

Veamos el trabajo de la organización “Enworks”, que gestiona fondos públicos y programas para que la pequeña y mediana empresa reduzca su impacto ecológico.

Steven Falder dirige una fábrica de pinturas que ha pedido los servicios de “Enworks”. Una de sus responsables, Mary Culhane, detalla las características de su trabajo: “En Manchester, el proveedor de esta organización es Groundwork, que ha trabajado en la gestión de los recursos de esta fábrica de pinturas. Vemos la energía que gastan para reducir su consumo global y evitar la contaminación tanto en la atmósfera como en los ríos”.

“Para nuestro negocio, es de legítimo interés, ser buenos y cooperar como ciudadanos de un mundo global. No quiero que nos tomen como ejemplo diciendo son maravillosos. Quiero gente que haga lo que dice, que sean mejores de lo que pensaba”, señala el actual propietario de “HGM Paints”, Steven Falder.

Esta empresa familiar fundada en los años treinta ha superado los avatares del declive industrial. Ya son cuatro las generaciones que han pasado por la fábrica. Hoy con 300 empleados afrontan grandes retos. “Desde 1750, la gente ha estado aquí fabricando pinturas y colorantes. Cuando mi familia llegó, era el típico entorno urbano en ruinas. Hemos decidido continuar en el mismo sitio, ampliar el negocio y a la vez, con la ayuda de inversores locales y vecinos intentar devolver a la zona algo que nos haga sentirnos orgullosos”, dice Falder.

Plantar árboles, habilitar un estanque, puede ser una paradoja en una fábrica de pintura, pero es en realidad un símbolo, en una ciudad marcada por su herencia industrial.

Manchester apuesta fuerte para conciliar su historia con los nuevos desafíos del medioambiente. El reto es buscar una auténtica una revolución urbanística.
Viejos muros que caen y barrios enteros que cambian su cara. Un ejemplo es la ciudad deportiva donde se encuentra el nuevo campo del Manchester City.

Uno de los directivos del club, Pete Bradshaw, nos detalla cómo ha evolucionado este espacio urbano: Esta fotografía es de 1957, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) dijo que Manchester tenía el peor microclima del mundo, todo cubierto por la lluvia ácida. Incluso en un día soleado, la lluvia ácida cubría el Este de Manchester, eso era hace cincuenta años pero permanece en la memoria de mucha gente”.

Toda la zona fue rehabilitada con motivo de los Juegos de la Commonwealth hace ahora seis años. Su funcionamiento hoy es todo un ejemplo en materia de desarrollo sostenible.

“En el Manchester City pensamos que probablemente, tengamos el campo más ecológico de Gran Bretaña y de toda Europa, por el volumen de compromiso que del club en todas sus actividades. El paquete incluye, la gestión de los residuos y de la energía, el transporte del público hasta y desde el estadio, y todo es importante para nosotros”, destaca Bradshaw.

El próximo proyecto es un aerogenerador en la entrada del estadio. “Fuera, a la derecha”, apunta Bradshaw, “frente a la puerta de nuestro campo, tendremos una turbina eólica de 85 metros, capaz de producir hasta tres mega vatios al año, y que cubrirá todas nuestras necesidades energéticas”.

El fútbol ya no es solo fútbol. Su compromiso en la lucha contra el calentamiento global es un medio para cambiar muchas mentalidades. Políticos, ciudadanos y empresarios, cada uno en su terreno intentan marcar goles y ganar el partido a la contaminación.

El futuro de nuestras grandes ciudades está en juego.

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