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Menos glamour y más política

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Menos glamour y más política

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Es la nueva filosofía del festival de Cannes, templo de las estrellas, del lujo, de la belleza y de las lentejuelas. Los otros festivales de cine le reprochan su lado frívolo que insisten, hace olvidar lo que pasa realmente en las salas oscuras.

Acusaciones injustas según los padres del festival que aseguran que lo que rodea a Cannes no es incompatible con el cine, es más, pone a los actores al servicio séptimo arte según el maestro de ceremonias de este año, el actor francés Edouard Baer: “Traemos todo lo que da que hablar en ese momento, todo lo que hace ruido, lo más llamativo, incluso rozando la vulgaridad. Hacemos que suban las escaleras desde el futbolista hasta la modelo pasando por el peluquero de las actrices, hay trajes, yates, dentaduras postizas. Reunimos todo eso y las cámaras vienen a ver qué pasa y una vez que están aquí, les proyectamos las películas, lo principal, el meollo de la cosa”

El meollo de la cosa: recentrar el festival en lo que ha contribuido a su reputación y a su razón de ser: las películas. Cannes siempre ha premiado películas de autor que gracias a la Palma de Oro ganan proyección a nivel mundial, como explica Thierry Fremaux, delegado general del festival: “Este año hemos querido empezar un nuevo ciclo con una idea en mente: es cierto que hay fiestas, que está la Costa Azul, que se hacen negocios, pero lo más importante del festival de Cannes es el cine”

Nadie encarna mejor ese cambio de tono que el presidente del jurado de este año: el estadounidense Sean Penn, actor, director y productor conocido además por sus convicciones políticas. Su blanco predilecto es la administración Bush a la que criticó con dureza en su primera rueda de prensa en Cannes: “Las películas hablan de amor, el arte es amor…en realidad, el cerebro debe estar conectado con el corazón, y cuando alguien actúa sin cerebro y sin corazón cientos de miles de personas mueren.”

Penn ya ha advertido de que en su elección pesarán los acontecimientos actuales en China y Birmania. 22 películas compiten por la Palma de Oro, la mayoría son cintas duras que abordan asuntos delicados y dolorosos.