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Elecciones en Georgia; una prueba crucial para la democracia y el presidente

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Elecciones en Georgia; una prueba crucial para la democracia y el presidente

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Mijail Saakashvili, tiene que recuperar las credenciales perdidas con los líderes occidentales. En el poder desde 2004, el movimiento de Unidad Nacional, del presidente Saakhshvili, prometió luchar contra la pobreza, el paro, la corrupción y acercar aun más su país a occidente.

Pero los frutos de esa política tardan en dar resultado y han hecho resugir un sentimiento de injusticia social que sirve de baza a la oposición que por su parte, se dice dispuesta a poner fin a la era Saakashvili y a su gobierno que califican de corrupto.

Propulsado al poder por la revolución de las rosas, el tiempo de las espinas ha llegado para el joven dirigente georgiano.

Reelegido el pasado enero en la primera vuelta tras unos comicios calificados de fraude por la oposición, Saakashvili ha visto cómo se debilitaba el apoyo sin fisuras de los occidentales tras las manifestaciones de noviembre de 2007. Los manifestantes reclamaban elecciones anticipadas y el fin de su gobierno, que replicó violentamente proclamando el estado de excepción y cerrando una cadena de televisión crítica con el poder.

A las tensiones socio-económicas se añade la crisis entre Tiflis y Moscú. El anuncio ruso de su intención de reforzar sus vínculos con las dos regiones separatistas de Georgia, Abjasia y Osetia del Sur, ha envenenado las ya muy tensas relaciones. En abril, Rusia envió 500 soldados suplementarios a Abjasia insistiendo en que se trataba de fuerzas de mantenimiento de paz. En realidad, Moscú replicaba así a los movimientos de tropas de Tiflis en la región, acusando a su vecino de preparar una ofensiva contra la república independentista.

Otro signo de tensión, el contencioso de los aviones espía: las autoridades de Abjasia aseguran que han abatido varios drones en los últimos meses, pero el ministerio del Interior georgiano ha desmentido las afirmaciones de los separatistas.

Entre declaraciones, desmentidos y guerra de nervios, una cosa parece evidente: la ambición de Tiflis de incorporarse a la OTAN juega un papel importante en la crisis con Rusia.