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Hungría rinde homenaje al padre de la Revolución del 56

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Hungría rinde homenaje al padre de la Revolución del 56

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Hungría ha rendido homenaje al ex primer ministro Imre Nagy, ejecutado hace exactamente 50 años por su papel en la revolución antisoviética de 1956.

A las ceremonias conmemorativas, que han tenido lugar en el Parlamento y ante el sepulcro de Nagy, han asistido su nieta y representantes de los principales partidos políticos.

Desde hace una semana, la voz del padre de la revolución del 56 vuelve a sonar en esta sala de Budapest.

La grabación de 52 horas del proceso-farsa en el que fue condenado a muerte comenzó a ser difundida públicamente por primera vez y en tiempo real el pasado 9 de junio, exactamente como hace 50 años.

El juicio contra Nagy y sus camaradas fue grabado con fines propagandísticos, pero como los acusados no se arrepintieron, las cintas se mantuvieron en secreto.

Una forma de silenciar los acontecimientos de octubre de 1956, cuando los húngaros tomaron al asalto las calles de Budapest para reclamar la salida de las tropas soviéticas, la independencia y la vuelta de Imre Nagy, el primer ministro depuesto en 1955. A su vuelta, Nagy anunció la convocatoria de elecciones libres y la retirada húngara del Pacto de Varsovia.

Pero la revolución húngara duró sólo 12 días, hasta la llegada de los tanques soviéticos el 4 de noviembre de 1956 a Budapest y a otras ciudades en manos de los insurgentes. Una vez derrocado el gobierno de Imre Nagy cientos de miles de húngaros pusieron rumbo al exilio en países como Austria y la ex Yugoslavia.

Nagy fue detenido tres semanas antes del final de la insurrección. Tras dos años en cárceles de Rumania y Budapest, fue ejecutado el 16 de junio de 1958 junto con el general Pal Maleter y el periodista Miklos Gyimes.

Los tres ejecutados al final del juicio, fueron enterrados en un primer momento en el patio de la prisión de Budapest y en 1961 sus restos fueron sepultados bajo seudónimos en un cementerio de la ciudad.

Fue necesario esperar la caída del comunismo, en 1989, para que los tres fuesen rehabilitados y enterrados con sus verdaderos nombres tras unos funerales solemnes en la capital húngara.