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Arranca la semana de todos los peligros para la antorcha olímpica

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Arranca la semana de todos los peligros para la antorcha olímpica

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La antorcha olímpica toma aliento y emprende la etapa más delicada de su viaje por China: la región musulmana de Xinjiang, en el oeste del país, conocida por sus tensiones interétnicas.

Ante el temor a atentados, las autoridades no han dejado nada a la improvisación en Urumqui, la capital de la región. Sólo 3.000 personas han podido saludar a la llama, previo paso por un detector de metales e inspección de sus bolsos.

La antorcha que presidirá los juegos Olímpicos en agosto en Pekín, llega este miércoles a la ciudad-oasis de Kashgar, en la antigua ruta de la seda.

En toda la región viven unos 8 millones de personas de la etnia uigur. No entienden el chino, hablan en su propia lengua, familia del turco. Son islámicos, y están orgullosos. Pekín les atribuye atentados separatistas, por eso ha extremado las medidas de seguridad.

“Nos gustaría mucho ver el paso de la antorcha. Pero no sabemos si podremos, porque no tengo el pase que exigen. Además, sólo lo obtienen los que están organizados por unidades de trabajo”.

Como los tibetanos, los uigures denuncian estar sometidos, discriminados, privados de su identidad cultural y de sus ingentes recursos naturales. Su causa la defienden activistas pro-derechos humanos como ésta, exiliada en Washington: “Mandaron a nuestra región a millones de chinos han que quitaron las tierras a los uigures. También los puestos de trabajo. Se les despojó de todo”.

Más allá de las principales avenidas y de las cámaras internacionales, Pekín ha conseguido que la llama pasase de puntillas por Xinjiang. Está por ver si lo lograrán cuando llegue este sábado a Lhasa, la capital tibetana.