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Las FARC pierden su joya más preciada

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Las FARC pierden su joya más preciada

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El rescate de Ingrid Betancourt podría suponer el principio del fin de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). No sólo era su escaparate mediático, también su más preciada moneda de cambio. Su liberación y la de otros 14 rehenes es una prueba más del debilitamiento que ha sufrido la guerrilla marxista en los últimos meses.

Las deserciones no paran de aumentar, los efectivos de las FARC se han reducido a la mitad desde 2002, cuando contaba con 20.000 combatientes, y parece que el nuevo líder de los rebeldes, Alfonso Cano, tiene dificultades para reunir a los combatientes. Cano tomó las riendas de las FARC en marzo, tras la muerte del líder histórico Manuel Marulanda.

Ese mismo mes, fallecían otros dos miembros de la cúpula de la guerrilla. El número dos, Raúl Reyes, pereció en un bombardeo del Ejército colombiano en Ecuador. Dos semanas después, Ivan Ríos era asesinado por uno de sus guardaespaldas. A estas pérdidas se suma en mayo la deserción de la célebre comandante Karina.

Numerosos políticos locales y extranjeros creen que la única salida de los guerrilleros es deponer las armas. El presidente Uribe les ha invitado a negociar la paz y el presidente francés se ha dicho dispuesto a acoger a los que renuncien a la violencia.