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Canterbury, discrepancias profundas

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Canterbury, discrepancias profundas

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La ordenación de mujeres obispos ha puesto a la Iglesia Anglicana al borde del cisma. Todo empezó en Estados Unidos, en la Iglesia Episcopaliana, la rama norteamericana del anglicanismo.

Una mujer, Katharine Jefferts Schori, preside esta iglesia desde hace dos años. Su elección marcó el camino de la apertura.

“Creo que todos somos bienvenidos a la casa de Dios, tanto los que están de acuerdo como los que no lo están. Y la Iglesia Episcopaliana siempre ha tenido razones poderosas para incluir a toda una variedad de credos, de opiniones”, explicó Jefferts.

Veámos qué opinan en Londres.

El arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, jefe de la Iglesia Anglicana está totalmente de acuerdo: “Desde la posición de alguien comprometido con la ordenación de mujeres para el episcopado, estoy profundamente preocupado ante cualquier solución o estrategia que tenga por finalidad la humillación sistemática de las mujeres que pueden acceder al episcopado”.

Pero la Iglesia Anglicana tiene muchas sensibilidades y los más conservadores se oponen con firmeza.

Reunidos recientemente en Jerusalén, apuestan por una interpretación más literal y estricta de la Biblia, como comenta el arzobispo de Sydney, Peter Jensen: “Las discrepancias son muy profundas, son de tipo espiritual, pero no estamos ante un asunto político menor por el significado que esto tiene, se trata de creencias muy profundas que se pretender cambiar. Necesitamos escuchar la palabra de Dios”.

Volvamos a Londres. El arzobispo de Canterbury es el jefe espiritual de la Iglesia Anglicana, pero no tiene autoridad sobre sus confesiones territoriales, que son autónomas. Así que se ve incapaz de zanjar este apasionado debate; y lo mismo sucede con la ordenación de homosexuales.

El pasado domingo, Gene Robinson, el primer obispo abiertamente homosexual, de la diócesis de New Hampshire, fue interrumpido durante una misa en una parroquia londinense.

Robinson no participa en la Conferencia de Lambeth, no ha sido invitado, para preservar la unidad de la Iglesia Anglicana.