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Fin de la partida para Karadzic

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Fin de la partida para Karadzic

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La comunidad internacional le perseguía desde hace años, los mismos que han esperado este momento los musulmanes de Bosnia. Si Karadzic ha podido escapar a la justicia durante tanto tiempo es porque para numerosos serbobosnios sigue siendo un héroe, un símbolo del maltrecho proyecto de la Gran Serbia. Karadzic ha encarnado ese sueño a ojos de los serbios de Bosnia que se veían ya controlando el territorio y uniendo a la madre patria tras la independencia de Bosnia.

Hijo de un zapatero y de una campesina montenegrina Radovan Karadzic es un hombre con un currículum sorprendente. A los 15 años deja atrás las montañas de Montenegro y se instala con sus padres en Sarajevo. Posteriormente cursa estudios de medicina y se especializa en psiquiatría. También hace sus pinitos como poeta. La leyenda cuenta que el escritor nacionalista Dobrica Cosic le animó a entrar en política. Un consejo que siguió años después al convertirse en cofundador del SDS, el Partido Democrático de Serbia.

Tras la independencia de Bosnia, la resistencia se organiza en el campo serbio. Karadzic proclama la creación de la Republika Srpska, se autodesigna presidente y por ende pasa a ser también número uno del Ejército. En el seno de esa institución y desde 1992 inicia con su acólito, el general Ratko Mladic, una campaña de limpieza étnica.

Juntos planificaron la masacre de Srebrenica, en 1995, en la que murieron 8.000 musulmanes. En la primavera de 2005, la emisión de un vídeo mostrando las ejecuciones de rehenes de Srebrenica acentuó la presión sobre Karadzic.

Entre las acusaciones que pesan en su contra, está también la toma de rehenes, en la primavera de 1995, de cascos azules exhibidos en las televisiones de todo el mundo. Los soldados fueron utilizados como escudos humanos para impedir el bombardeo de sus posiciones.

Jugador empedernido, manirroto, personaje lunático y ambicioso, Karadzic ha jugado al ratón y al gato con la justicia internacional desde 1996.