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Una larga agonía en el poder

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Una larga agonía en el poder

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Un golpe de estado militar perpetrado en 1999 permitió al general Pervez Musharraf acceder a la presidencia de Pakistán. Una acción incruenta que prometía terminar con la convulsión que vivía el país durante la segunda etapa de Nawaz Sharif como primer ministro.

Sin embargo, Musharraf dio una primera muestra de su carácter. Ordenó el arresto domiciliario de Sharif, que prefirió el exilio para reorganizar la oposición.

Llega el año 2002. Respaldado en las urnas en un referéndum amañado, según sus críticos, Musharraf se convierte en el principal aliado de la coalición que lucha contra los talibanes en Afganistán y es recibido por Bush con los brazos abiertos.

Han pasado cuatro años y las cosas en casa van muy mal. Desafía al poder judicial, que cuestionaba la legitimidad de su reelección porque era a la vez presidente y jefe del Ejército y declara el estado de emergencia.

Los opositores vuelven al país, incluida la malograda Benazir Butto, muerta en un atentado, para participar en las elecciones generales. La oposición gana los comicios y forma una coalición de Gobierno.

Musharraf empieza a escribir su epitafio político. Su aislamiento es total, no tiene mayor opción que la dimisión.