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Rusia se escuda en el precedente kosovar

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Rusia se escuda en el precedente kosovar

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Kósovo ha abierto la caja de Pandora. El 17 de febrero de 2008, miles de personas festejaban en Prístina la declaración unilateral de independencia aprobada por el Parlamento de la región autónoma serbia de forma unilateral. Un acontecimiento histórico, aunque de consecuencias imprevisibles para el futuro.

Días más tarde, y tras analizar la situación con los miembros de la Comunidad de Estados Independientes, el todavía presidente ruso, Vladimir Putin, ponía a la comunidad internacional sobre aviso.

“La independencia de Kosovo sienta un precedeente terrible advertía el jefe del Kremlin ante la atenta mirada de los presidentes de Georgia y Ucrania. Ha destrozado los pilares que han servido de base a las relaciones internacionales durante el último siglo. Y eso puede desencadenar un peligroso efecto dominó. Creo que quienes respaldan la independencia de Kósovo no se han dado cuenta de ello, pero esa decisión se volverá antes o después contra ellos como un boomerang que les golpeará en plena frente”.

Dicho y hecho. Seis meses más tarde, Rusia no sólo se ha apoyado en el precedente kosovar para reconocer la independencia de Abjasia y Osetia del Sur, sino que además lo está utilizando para reforzar sus posiciones en Moldavia.

El pasado día 25, Dimitiri Medvedev viajaba a Chisinau. Y por supuesto que no se trataba de una visita de cortesía. El presidente ruso quería informar a su homólogo moldavo de que Moscú no permitirá una intervención militar en Cisdniéster.

Como Abjasia y Osetia del Sur, esta región moldava se autproclamó independiente hace ahora diecisiete años. A día de hoy, sólo Rusia ha reconocido su soberanía. Y a cambio, Moscú ha obtenido el privilegio de mantener su presencia militar en la zona.

La misma advertencia que Rusia le ha dado a Moldavia sirve también para la vecina Ucrania, que espera dentro de muy poco acceder al seno de la Alianza Atlántica.

Cuatro meses después de la cumbre que la OTAN celebró en Bucarest, Rusia reacciona con pulso firme ante la expansión occidental por lo que antiguamente era el telón de acero. Tras más de una década adormecido, el gigante ruso se ha despertado.