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La polémica sobre la doble sede del Parlamento Europeo se inflama

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La polémica sobre la doble sede del Parlamento Europeo se inflama

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El desplome del techo en la sede del Parlamento Europeo en Estrasburgo, en agosto, obliga a la celebración de la próxima sesión plenaria en Bruselas

La noticia acogida con aplausos este jueves por una mayoría de europarlamentarios, levanta ampollas en la capital alsaciana: la economía local y sobre todo los restaurantes, los hoteles y los taxistas han acusado el golpe.

En el momento de la caída del techo, no había nadie en este hemiciclo que reune doce veces al año a los eurodiputados quienes, el resto del tiempo trabajan en Bruselas.

En la capital belga, hay división de opiniones. Para Joseph Daul, presidente del Partido Popular Europeo “los eurodipitados que sólo quieran tener las plenarias en Bruselas no son honestos. Un europarlamentario viaja por obligación. Si quiero ir al BCE, iré a Francfurt, si se trata del tribunal europeo de Justicia, iré a Luxemburgo, la agencia alimentaria está en Parma… por consiguiente un eurodiputado no puede trabajar y asistir a plenarias unicamente en Bruselas”.

Pero su opinión no es compartida por buena parte del hemiciclo. Aunque los tratados estipulan que las sesiones plenarias deben celebrarse cada mes en Estrasburgo hay incluso un comité de apoyo por una sede única, en Bruselas.

Este eurodiputado liberal alemán destaca que “los ciudadanos deben saber que una parte de sus impuestos se malgasta en cosas sin sentido. La gloria de Francia y los tratados no deben impedir que la política se adapte a su época. Estamos en la era del cambio climático, buscamos la eficacia energética, ¿cómo podemos pedir a los ciudadanos que se aprieten el cinturón si nosotros no paramos de ir y venir entre Estrasburgo y Bruselas?”.

Los detractores de la doble sede hablan de “circo ambulante” y recuerdan que las idas y vueltas de los setecientos ochenta y cinco miembros del hemicilo y de los cerca de tres mil funcionarios y asistentes, más los documentos que les acompañan cuestan, al año, cerca de doscientos millones de euros.