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Los estigmas de la guerra un mes después

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Los estigmas de la guerra un mes después

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Georgia sigue lamiéndose las heridas un mes después de la guerra relámpago contra las tropas rusas. Aquí, en Gori, los edificios destruidos reflejan la intensidad de los combates que llevaron a sus habitantes a huir. El número de desplazados en territorio georgiano ronda los 130.000. Según el Alto Comisariado de la ONU para los refugiados más de 50.000 no han regresado a sus hogares.

Pero tanto quienes vuelven como quienes no llegaron a irse se sienten ahora abandonados a su suerte, como este residente de Gori: “Por supuesto que es peligroso estar aquí. Si las milicias osetas vienen, ¿qué podemos hacer al respecto? No podemos hacer nada. Ppero bueno, esta semana no ha venido nadie.”

Ciudades enteras han quedado reducidas a escombros. Las autoridades de Georgia hablan de limpieza étnica. La justicia tendrá que pronunciarse al respecto, pero para Reed Brody, observador de la ONG Human Rights Watch, el balance de lo que ha sido destruido es suficientemente elocuente: “Está muy claro si mira las casas que han ardido, las ciudades que han sido destruidas que todo esto tenía un objetivo étnico. En el objetivo estaban los georgianos, sus casas son las que han sido arrasadas”

Pero en el campo suroseta la contienda también ha dejado su huella. Fuentes rusas hablan de dos mil civiles muertos. El miedo sigue paralizando a la población: “Cuando oímos que llegaban los georgianos dice esta mujer sólo pensé en cómo morir cuánto antes, sin sufrir demasiado”

“Lo de la Unión Europea es una auténtica vergüenza añade otro lugareño Hablan de la unidad de Georgia, pero ¿Cómo pueden obligarme a vivir con enemigos que han intentado matarme?”

34.000 civiles surosetas huyeron de la región y se refugiaron en la vecina Rusia. Unos 6500 no han vuelto aún. Tanto por una parte como por la otra, la cohabitación se anuncia difícil.