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Una nacionalización que no lleva su nombre

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Una nacionalización que no lleva su nombre

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Washington se ha lanzado al rescate de la aseguradora AIG, para evitar otra hecatombe financiera. En contradicción con la promesa de no usar dinero del contribuyente, las autoridades federales han pagado 50.000 millones de euros a cambio del 80% de AIG.

David Paterson, gobernador de Nueva York, quien firmó el cheque de este rescate, ha prometido que “los ciudadanos seguirán teniendo seguros, sus pólizas están protegidas, se salvarán empleos y también el negocio de seguros.”

AIG reúne unos activos de 757.000 millones de euros. Sus pérdidas suman 13.000 millones de euros. La plantilla cuenta 116.000 efectivos

El mercado ha respirado con alivio, porque está intervención aleja la posibilidad de otro efecto dominó esta vez en el sector seguros, igualmente contaminado con los impagos de las hipotecas “subprime”.

El analista asiático Castor Pang confirma que “el salvamento de AIG por parte del gobierno de Estados Unidos supone un bálsamo para los mercados. Sin embargo a larzo plazo, todavía no se puede afirmar que ese plan sirva en efecto para salvar el siniestrado sector financiero.”

En Wall Street se siguen preguntando, por qué se AIG sí, y Lehman Brothers no. La bancarrota de la cuarta banca de inversiones del mundo ha conmocionado el sistema financiero mundial. Los restos de este coloso neoyorquino son ahora botín de otras entidades.

Así la británica Barclays ha adquirido una parte jugosa de los activos de la Lehman Brothers, incluyendo sus oficinas en Manhattan. De los 26.000 agentes de Lehman en la calle, unos 10.000 se reincorporarán pronto a su nuevo patrón inglés.