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Un mes de crisis

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Un mes de crisis

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Asfixiado por pérdidas de 3.900 millones de dólares en el tercer trimestre, el banco de Wall Street, Lehman Brothers, quiebra finalmente el 15 de septiembre. La crisis hipotecaria se destapa y desencadena un tsunami.

Al día siguiente, la Reserva Federal estadounidense tiene que intervenir para salvar al gigante de los seguros AIG, demasiado importante para dejarlo morir. La entidad recibe un préstamo masivo público que marca la pauta: el Estado va a hacer todo para salvar el sistema financiero estadounidense.

Pero no había contado con los congresistas, que hacen naufragar el plan de salvamento de 700 mil millones de dólares autorizando al Departamento del Tesoro a comprar préstamos tóxicos a los bancos con problemas.

La onda expansiva es mundial, y una vez que el plan, el más ambicioso desde la Gran Depresión es aprobado el 3 de octubre, no consigue parar la hecatombe que entre tanto había llegado a Europa.

Los Estados se ven obligados a nacionalizar para salvar el banco y asegurador belga Fortis, el banco hipotecario británico Bradford&Bingley y el belga Dexia. Hasta Alemania tuvo que recurrir al rescate del banco de hipotecas Hypo Real Estate.

En el origen de esta crisis crediticia se encuntran las famosas subprimes, hipotecas de alto riesgo, lo que los expertos llaman ahora “activos tóxicos” porque carecen de valor en el mercado en este momento. Guido Ravoet, secretario general de la Federación Bancaria Europea:

“Todos los bancos han invertido en cierta medida en esos bienes. Hay bancos que ya han amortizado completamente esas carteras tóxicas y que han integrado en sus cuentas esas pérdidas, hay otros que no lo han conseguido del todo. Por eso ahora se necesita una cierta claridad en lo que respecta a la evaluación de esos bienes”

Pero para las autoridades políticas y monetarias la urgencia ahora es sofocar el incendio garantizando al mismo tiempo los depósitos bancarios de los ahorradores. Una medida que los países de la Unión Europea se han visto obligados a adoptar tras la iniciativa de Irlanda.

Por su parte el Banco Central Europeo con otros cinco bancos centrales intentaron el pasado miércoles una operación sin precedentes: la bajada concertada de los tipos de interés: un electroshock sin resultados visibles.