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Adiós, adiós Tempelhof

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Adiós, adiós Tempelhof

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Hicieron famoso al aeropuerto de Tempelhof, ayer, le rindieron su último homenaje. Dos piezas de museo de los Rosinenbomber, los aviones golosinas del puente aéreo aliado durante la Segunda Guerra Mundial, despegaron, anoche, de este mítico aeropuerto de la capital alemana que cerró sus pistas bajo la atenta mirada de miles de nostálgicos, congregados para contemplar las últimas horas del que fue el primer aeródromo de Europa.

“Mi infancia y juventud están ligadas a este aeropuerto. Mi padre fue piloto durante la Segunda Guerra Mundial. Forma parte de la historia de mi familia, hoy tengo que decirle adiós”, comenta con nostalgia una alemana.

“Cuando fue niña esperé con anhelo esos chocolates que caían del cielo y mi primer viaje fue desde Tempelhof”, asegura otra berlinesa.

Mientras, fuera, los defensores del este aeropuerto que jugó un papel importante durante la Guerra Fría recibían con abucheos al alcalde de Berlín, que decidió sacrificar esta joya histórica para concentrar todo el tráfico en el futuro aeropuerto internacional de Berlín Brandeburgo.

En la memoria colectiva queda el recuerdo de los bombarderos de las golosinas que lanzaron miles de pequeños paracaídas con chocolates. Los berlineses no olvidarán el papel que jugó este aeropuerto en el puente aéreo aliado que les salvó del hambre durante el bloqueo soviético en 1948.