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Obama sueña con el cambio

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Obama sueña con el cambio

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Parece tocado por una barita mágica, que convierte cada sueño en realidad. Barack Hussein Obama, un joven abogado, elegido senador por Illinois en 2005, sigue superando desafíos.

Impulsado por una esposa influyente y persuasiva, se lanzaba el diez de febrero de 2007, a la carrera hacia la Casa Blanca.

Un anuncio cargado de realismo: “Tengo que reconocer que hay algo de atrevimiento y de audacia en este anuncio. Soy consciente de que he pasado mucho tiempo aprendiendo las formas de trabajar en Washington, pero ha sido el tiempo suficiente para saber que las cosas en Washington deben cambiar”, señalaba el candidato demócrata.

Obama, con cuarenta-y-seis años, es el primer negro que aspira a convertirse en presidente de Estados Unidos. Pero el camino no ha sido fácil, porque sus lecciones tenían pocos adeptos y el “cambio”, su palabra preferida, chirríaba oxidada en la conciencia de los estadounidenses.

En 2004, llegó su primer minuto de gloria en la convención demócrata, al lado de John Kerry. Luego el Senado, y más tarde el duelo con Hillary Clinton, la esposa del ex-presidente, a quien Obama prestó en su día, su apoyo.

De padre negro, keniano y musulmán. De madre blanca, americana y cristiana. Obama representa en sí mismo la diversidad de su país.

¿Es la diversidad que encarna; o el cambio que propone? ¿O es su pragmatismo el que seduce a millones de estadounidenses? Probablemente, un poco de todo, pero lo único cierto es que Obama gana las primarias a Hillary Clinton, el 3 de junio:

“Es gracias a ustedes que esta noche puedo estar aquí y decir que seré el candidato demócrata a la presidencia de los Estados Unidos de América”, apuntaba Obama.

La voz de las urnas nos dará el nombre del nuevo presidente, pero siempre habrá un antes y un después en la historia Estados Unidos.