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Barack Obama arrolla en las urnas y resucita la fe en el sueño americano

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Barack Obama arrolla en las urnas y resucita la fe en el sueño americano

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Tras confirmarse su arrolladora victoria en las presidenciales, “el yes, we can”, su eslogan de campaña, atronó anoche en un parque Grant de Chicago en el que no cabía un alfiler. Ante cientos de miles de rostros eufóricos, quien será el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos renovó sus promesas de cambio en un país donde caben todos: “Es la voluntad de jóvenes y viejos, ricos y pobres, demócratas y republicanos, negros, blancos, hispanos, asiáticos, indios americanos, gays, heterosexuales, capaces y discapacitados. Hemos ha enviado un mensaje al mundo diciendo que nunca hemos sido un conjunto de individuos o de estados en rojo y azul. Somos, y siempre lo seremos, Estados Unidos de América”.

Palabras de cambio y unidad en medio de la catarsis colectiva de un país que no ve el momento de dejar atrás la era Bush. La participación en la jornada electoral rondó el 66%, un récord histórico. El candidato demócrata obtuvo el 52% de los votos a nivel nacional y al menos 338 grandes electores, 68 más de los necesarios para ser elegido presidente.

La velada electoral fue especialmente intensa en Nueva York, feudo tradicional demócrata. Decenas de miles de personas la siguieron a través de las pantallas gigantes de Time Square. Los rostros de algunos miembros de la comunidad afroamericana reflejaban euforia, orgullo y solemnidad: “No tengo palabras decía una ciudadana negra. He esperado tantos años para ver esto. Cuando era pequeña, tenía que sentarme en la parte de atrás de los autobuses. Ahora ya no. Pero es la percepción de Estados Unidos lo que va a cambiar. Va a ser una nueva potencia mundial, porque todos hemos trabajado por ello. Así que estoy sin palabras”.

“Estoy aquí porque tengo que ser parte de todo esto decía un joven blanco. Es increíble, es una noche histórica, nunca hemos visto nada parecido, es alucinante”.

Las celebraciones se extendieron a lo largo y ancho del país. En Washington, la fiesta llegó incluso a las puertas de la Casa Blanca.