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El buen y el mal sabor de boca del G20

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El buen y el mal sabor de boca del G20

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La Unión Europea se va de la cumbre del G20 con la satisfacción de que su propuesta de aumentar la regulación de los mercados ha sido escuchada, aunque Estados Unidos se ha encargado de minimizar sus pretensiones con un plan final que desoye las llamadas del presidente de turno de la UE de crear nuevos organismos supranacionales de supervisión de los mercados. Quizás por ello, Nicolás Sarkozy piensa, ya, en la cumbre siguiente.

“Os digo que tenemos una estrategia clara: regulación financiera, rechazo del proteccionismo, reforma de la gobernabilidad mundial. Los métodos de acción: pues los ministros de finanzas tienen instrucciones, deberán rendir cuentas, y para el mes de abril o finales de marzo nos reunimos para hacer un balance”, explicó Sarkozy a los periodistas tras la cumbre.

Todos están de acuerdo en que para hacer frente a crisis lo mejor es estimular el crecimiento con medidas fiscales, eso sí, a nivel nacional, aunque esto agrave el déficit permitido.

Eso es lo que sugiere el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, quien dijo que “la amenaza, hoy, no es la inflación, sino la deflación. La amenaza hoy es la recesión. Y que precisamente el pacto de estabilidad y crecimiento europeo, permite en circunstancias excepcionales, medidas excepcionales.”

Pero más allá de definir los medios para detener los efectos de la crisis, esta cumbre ha servido para sopesar las relaciones de poder entre las naciones. Los países emergentes quieren un mayor peso en las instancias internacionales, como el FMI, y China se hace desear con sus ingentes reservas de divisas.