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Jean-René Rabier, antiguo colaborador de Jean Monnet, fundador de la actual UE

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Jean-René Rabier, antiguo colaborador de Jean Monnet, fundador de la actual UE

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Dice de sí mismo que es un dinosaurio europeo. Jacques-René Rabier ha vivido todas las etapas de la construcción comunitaria. Este jubilado francés de 89 años fué un colaborador próximo del padre fundador de Europa, Jean Monnet. Rabier, participó en la creación de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero en 1951, precursora de la actual, Unión Europea. Así comenzó todo. Nos cuenta que “una tarde, Jean Monnet, al que había visto una o dos veces sin más, ordena que me llamen, a las seis o seis y media de la tarde. Me llama y me dice: señor Rabier, mi director de gabinete va a presentarse a las elecciones en Charente, y probablemente saldrá elegido.Necesito a una persona que le sustituya y le he escogido a usted. Yo me sentía cohibido. Lo único un poco inteligente o inteligible que pude decir fue: señor ¿cree usted que voy a dar la talla?. Y Monnet me contestó soberbio: “si no da la talla se lo diré, y no me lo dijo.El nueve de mayo a las seis de la tarde yo estaba en el salón del reloj cuando Schuman hizo su declaración. La hizo Schuman pero el texto había sido preparado por el equipo de Monnet. Yo suelo decir que, sin Monnet, no habría habido plan Schuman y a la inversa, sin Schuman el plan de Monnet se habría quedado en un documento que estaría aún en los archivos del Quai d’Orsay”.

Rabier formó un servicio de información que evolucionaría con las instituciones europeas. Después, en 1973 fundó el Eurobarómetro con la misma voluntad de comunicar con la ciudadanía. Comenta que creó “el servicio de información en Luxemburgo, en la sede de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, bajo la autoridad, entre comillas, de Jean Monnet, que no era, como se dice a veces, un hombre amante de lo secreto sino de lo discreto. Es decir que, cuando una decisión no era tomada por el colegio, evidentemente había que guardar silencio, pero desde el momento en que éste la adoptaba, había que informar. Monnet se preocupaba mucho por la información y cuando me confió la dirección de su gabinete, una de las tareas que me dio fue redactar no sólo los informes remitidos a la prensa; sino organizar asimismo el embrión de un pequeño servicio de información, que comenzó al principio en Luxemburgo pero después, muy rápidamente empezamos a enviar “misioneros”, como yo les llamaba, al resto de las capitales de la Comunidad del Carbón y del Acero, para informar al público”.

A juzgar por los sondeos, la opinión pública ve Europa con benevolencia. ¿Pero es suficiente?. Rabier asegura que “hay poca hostilidad, muy marcada, y hay mucha indiferencia…(cómo podría describirla…) más o menos “simpática” si ambos términos pueden ir juntos. Tomemos el ejemplo de las jóvenes generaciones: yo tengo varios hijos, nietos e incluso biznietos, con lo cual puedo juzgar en base a varias generaciones. Muchos creen que Europa ya está hecha. Cuando quieren profundizar en sus estudios se van a hacer un Erasmus. Antes, a los 15 o 16 planean ir a ver a sus amigos o amigas a Alemania, Italia o España. Circulan. Tienen euros en los bolsillos, igual no muchos, pero tienen y creen que ya está hecho. Quizás hacen falta acontecimientos como los que estamos viviendo en este momento: crisis profundas, financieras, económicas o sociales, para que las jóvenes generaciones se den cuenta de que aún queda mucho por hacer”.

Un signo de esta falta de solidaridad es el índice de participación, cada vez más débil, en las elecciones europeas. Las próximas se celebrarán dentro de siete meses. ¿Cómo se puede mobilizar más al electorado?. Según Jacques-René Rabier “no es posible que esas elecciones sean un éxito en cada uno de nuestros países si éstos luchan únicamente por razones nacionales. No son elecciones nacionales, son elecciones europeas. Mi deseo (y repito otra vez que no soy candidato), es que los partidos creen plataformas comunes en los diferentes países: que los socialistas tengan su plataforma socialista, y (que ocurra ndrl) otro tanto con los demócrata-cristianos o los liberales… No tengo carné de militante en el bolsillo, así que hablo con toda la libertad, me gustaría que las distintas formaciones políticas se doten de una estrategia de conjunto”.

Otra incógnita es el futuro del Tratado de Lisboa. Irlanda lo rechazó. Pero para que este tratado, que conlleva la reforma institucional, entre en vigor debe ser ratificado por los Ventisiete. Rabier dice que personalmente no está “de acuerdo con los “opting out” (con las prerrogativas ndrl); sin embargo me interesa la vanguardia. Una vanguardia debe poder avanzar sobre tal o cual aspecto del Tratado de Lisboa. Si doce, quince, o los diecisiete países que habrá dentro de poco en la Eurozona, quieren ir más allá para resolver no sólo los problemas monetarios sino también los financieros y económicos, me parece muy bien. Yo no creo que un convoy pueda continuar siempre manteniendo la velocidad del más débil. Hay que respetarle, pero si no puede seguir al convoy, pues se hace lo necesario para no dejarlo abandonado a su triste suerte. Lo que no se puede es hacerlo feliz a su pesar. A mi me gustaría que los irlandeses se quedaran, pero si no pueden firmar el tratado, pues bueno, ya vendrán más tarde. Cuando comenzamos, los británicos no estaban dentro del grupo. Eramos seis países. A Monnet le habría encantado que los británicos formaran parte del equipo”.

Jacques-René Rabier, se desplazó hasta Cognac coincidiendo con el ciento veinte aniversario del nacimiento de Monnet, y aprovechó el viaje para visitar las bodegas en las que Monnet, hijo de un negociante de coñac, comenzó a trabajar. Recorrió el mundo con la empresa familiar, antes de apostar por Europa. De Cognac y del coñac, a la historia del bloque, no hay más que un paso. Con una copa en la mano, Rabier explica que hay una frase de Monet que ha citado e incluido en sus memorias y que dice así: “hace falta una maduración, una maduración en la historia, al igual que la maduración es imprescindible para hacer un buen coñac. No hay que ser impaciente, hay que saber lo que uno quiere, hacía dónde vamos, y franquear todas las etapas sucesivas para que el producto sea bueno. Bueno, pues éste es bueno. Espero que Europa sea un buen producto. Estoy seguro de ello. A veces hay que ser paciente. Hacen falta coraje y valor. Yo no soy ni optimista ni pesimista, soy valiente y eso es muy diferente.”