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El Gobierno británico planta cara a la prostitución, comenzando por los clientes

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El Gobierno británico planta cara a la prostitución, comenzando por los clientes

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Pagar a una una prostituta controlada por un proxeneta podría convertirse en un delito sancionado hasta con 1.000 libras de multa, unos 1.200 euros. Y no vale argumentar que se desconocían las circunstancias en que trabajaba la prostituta.

“Será un delito pagar por sexo con una mujer que ha sido explotada u objeto de tráfico humano”, explicaba la Ministra del Interior, “Espero que esto haga que los hombres se lo piensen dos veces antes de hacerlo. Bajará la demanda, lo que por supuesto, se reflejará en la cantidad de mujeres víctimas de explotación”.

Un razonamiento discutible, según las organizaciones que defienden a estos colectivos: “Estas propuestas no protegerán a las mujeres frente a la violencia y la explotación. De hecho, trabajar será más peligroso, al llevar la industria del sexo a la clandestinidad. Será más difícil encontrar clientes porque se ahuyentará a los que son más “de fiar”. Las mujeres correrán así más riesgos y les costará más denunciar las violaciones y cualquier otro tipo de agresión”.

Según el ejecutivo, unas 80.000 mujeres trabajan como prostitutas en el Reino Unido, y 7 de cada 10 dependen de un proxeneta o han llegado al país a través de mafias.