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Un pulso de fuerza y de influencia entre Washington y Moscú

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Un pulso de fuerza y de influencia entre Washington y Moscú

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De esta escena hace ocho años. Vladímir Putin visitaba a Fidel Castro en un momento de acercamiento entre Washington y Moscú. Poco después, el presidente ruso cerraba unilateralmente una base de espionaje abierta en la isla durante la guerra fría, y cuyo alquiler reportaba a La Habana 200 millones de dólares al año. Las relaciones entre los dos países tocaban fondo.

Los tiempos han cambiado y el nuevo presidente ruso quiere recuperar amistades del pasado: “No ha sido un simple viaje del presidente ruso acompañado por colegas y periodistas. Se trata de una decisión geopolítica. Vamos a desarrollar nuestras relaciones con América Latina y los países caribeños”.

Relaciones con lo que Washington considera su zona de influencia tradicional. Para Cuba, se trata de recuperar a un viejo aliado con el que las relaciones se deterioraron tras la caída de la unión soviética.

Cuando Fidel Castro llega al poder en 1959, enseguida da una orientación pro-soviética, marxista leninista, a su revolución nacionalista. El giro pro-ruso ha empezado, en una isla permanentemente enfrentada con la administración estadounidense. Estamos en plena guerra fría.

Estalla entonces la crisis de los misiles, en 1962. Para disuadir a Washington de atacar Cuba o la URSS, Kruschev instala misiles en suelo cubano, apuntando hacia Miami. Para la Casa Blanca, es una amenaza directa contra la seguridad de Estados Unidos. La tercera guerra mundial se evita por la mínima.

Este episodio permanece en la memoria. Cuando este verano se especulaba sobre un despliegue de bombarderos estratégicos rusos en Cuba, se llegó a hablar de una segunda crisis de los misiles.

Todo esto demuestra la degradación de las relaciones entre Moscú y Washington derivada del proyecto de escudo antimisiles que Estados Unidos quiere instalar en Europa del este.

Más allá de los intereses económicos y sobre todo, petroleros, es una demostración de fuerza y de influencia lo que está en juego, con episodios como las maniobras ruso-venezolanas en el Caribe, destinadas a dejar claro a Washington que el Kremlin puede tener tanto poder en Latinoamérica como la Casa Blanca en la que fuera zona de influencia soviética.