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Tres días de terror y caos en Bombay

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Tres días de terror y caos en Bombay

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Todo comenzó el pasado miércoles a las 22:30, hora local. En apenas unos minutos, varios terroristas atacan once puntos distintos de la ciudad, entre ellos los lujosos hoteles Taj Mahal y Trident/Oberoi.

Su objetivo son, sobre todo, los turistas extranjeros, especialmente británicos y estadounidenses. El pánico se instala en Bombay.

Los ataques alcanzan la estación y el café Leopold, frecuentado por muchos turistas.

Las fuerzas de élite indias se ven obligadas a intervenir para contrarrestar los ataques terroristas, mientras intentan socorrer a las víctimas, cuyo número va aumentando con el paso de las horas.

De madrugada, un grupo denominado Deccan Muyahidín se atribuye la autoría de los ataques. La prensa local asegura que se trata de una quincena de paquistaníes que han estado en Bombay durante meses haciéndose pasar por estudiantes.

Durante toda la noche del jueves se suceden los efrentamientos entre terroristas y ejército.

Todavía hay muchos turistas que necesitan ser evacuados de los hoteles, en cuyo interior hay varios terroristas escondidos. Según uno de ello en declaraciones a una televisión, reclaman la liberación de los militantes islamistas detenidos.

Con el caos instalado en Bombay, cierra la bolsa y las compañías aéreas cancelan sus vuelos. Un incendio en una parte del Taj Majal complica la situación.

El primer ministro indio asegura en televisión que los terroristas vienen del exterior. Desde Islamabad, el gobierno de Pakistán ofrece su ayuda al país vecino.

El viernes las fuerzas militares indias descienden desde un helicóptero al centro religioso judío, matando a dos secuestradores. En el intenso enfrentamiento, fallecen también ocho rehenes y se consigue salvar a un niño cuyos padres han muerto en los combates.

Poco a poco, los militares indios van rescatando a los turistas de los hoteles golpeados por el ataque terrorista. Después de otra noche de refriegas, el gobierno indio asegura de madrugada que ha logrado hacerse con el control de la situación.