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Grecia: El pulso en la calle fragiliza aún más a Caramanlís

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Grecia: El pulso en la calle fragiliza aún más a Caramanlís

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La explosión de cólera de la juventud griega fragiliza aún más al primer ministro conservador, Costas Caramanlís. Reelegido en septiembre de 2007 por una corta mayoría de dos escaños, su gobierno tenía por delante reformas difíciles.

Pero una mala gestión de los incendios forestales, que causaron 65 muertos y un escándalo financiero habían erosionado considerablemente el apoyo a su partido, la Nueva Democracia.

Los primeros enfrentamientos callejeros comenzaron ya en noviembre de 2007. Los estudiantes protestaron contra la reforma encaminada a suprimir el monopolio público sobre la educación universitaria.

El no reconocimiento de los títulos expedidos por las universidades privadas griegas o en otras universidades de la UE iba contra una directiva europea. Atenas debía ajustarse a las normas, pero los estudiantes no lo vieron de ese modo.

“Tener universidades privadas y estatales va a crear una barrera de clases aseguraba este estudiante Los hijos de los ricos pagarán y obtendrán sus diplomas, mientras que un estudiante que no tenga dinero tendrá que luchar para obtener una titulación”

El pulso callejero se extendió a todas las categorías sociales cuando el Parlamento se dispuso a votar la ley de reforma de las jubilaciones en marzo.

Un imperativo para evitar la quiebra del sistema en quince años a causa del envejecimietno demográfico, pero muchos, sobre todo los sindicatos, tacharon la reforma de injusta.

“La reforma está teniendo impacto en trabajadores de todas las edades, en los más jóvenes para quienes las cosas ahora son aún peor, y en los más ancianos. Pero las mujeres son las que salen peor paradas. La legislación no debe salir adelante”

Al final, la reforma fue aprobada, pero el rechazo social prosiguió.

La serie de huelgas que tuvieron lugar en otoño culminaron con una huelga general de los sectores público y privado contra la nueva legislación y el aumento de los impuestos pero también, contra la privatización de Olympic Airlines.

Los huelguistas exigían entre otras cosas más gasto público, y el aumento de las pensiones y los salarios.

Al malestar social se añade el descrédito moral del gobierno que perdió dos ministros tras el escándalo de corrupción del Monte Athos que costó 100 millones de euros a los contribuyentes.