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El genocidio de Ruanda

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El genocidio de Ruanda

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Durante cien días de la primavera de dos mil cuatro más de ocho cientas mil personas perdieron la vida a machetazos en Ruanda. Gran parte de las víctimas fueron tutsis, la minoria étnia que perdió su poder ancestral  con la llegada de la democracia en los años 60. El detonante que desbocó el odio fue el derribo del avión  en que viajaba el presidente de Ruanda, Juvenal Habyarimana, de etnia hutu.
 
En cuestión de horas, empezaron los tiros y la barbarie, aldea por aldea,  casa por casa, vecino por vecino. Incluso los hutus moderados se convierten  con el tiempo en objetivo acusados de cómplices.
 
Los cascos azules, comandados por las Naciones Unidas, reaccionan tarde y mal. Mientras las fuerzas de pacificación permanecen inmóviles, Bélgica y Francia sacan únicamente del país a sus nacionales.
 
Posteriormente,   el contingente belga se retira y las tropas francesas se repliegan en el sur, en la conocida como zona “turquesa” para refugiados, Incluso aquí se reportan sangrientos incidentes.
 
El entonces Coordinador de las Operaciones de las Fuerzas de Paz de la ONU, Kofi Annan,  ordena a las tropas replegarse en el sur, en la conocida zona turquesa para refugiados,  y mantenerse al margen incluso en Kigali, la capital del país. La responsabilidad de estos errores fue reconocida por el COnsejo  de Seguridad de la ONU  en abril de 2000.
 
Más de medio millón de hutus regresaron a su país en 1995 con un nuevo gobierno formado en gran parte por la élite tutsi. Otros dos millones de civiles hutus se refugiaron en Burundi, Tanzania y la República democrática del Congo, donde el conflicto actual que se vive hunde muchas de sus raíces en la sangrienta tierra de su vecina Ruanda.