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Tres semanas en que la destrucción de apoderó de Gaza

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Tres semanas en que la destrucción de apoderó de Gaza

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El 27 de diciembre el ejército Israelí comienza la ofensiva aérea sobre Gaza. 225 personas mueren ese día, según fuentes médicas. La mayoría, agentes de la policía de Hamás.

Días más tarde, la noche del 3 al 4 de enero, comienza la operación por tierra. Los tanques entran en el norte de la franja. El balance de víctimas comienza a aumentar de manera exponencial. La destrucción se va apoderando de la franja: destrucción de túneles subterráneos que, según Tel Aviv, Hamás utiliza para rearmarse. Y destrucción, también, de escuelas, hospitales e instalaciones de Naciones Unidas. El Gobierno israelí afirma que los líderes de Hamás se ocultan en estos enclaves, utilizando a los civiles como escudos humanos. Se agrava la emergencia humanitaria de un territorio ya de por sí asfixiado. Los hospitales no dan abasto, no reciben material, y tampoco los médicos pueden acceder a la franja. Arrecian las acusaciones a Israel de utilizar fósforo blanco, un agente incendiario capaz de provocar importantes quemaduras. El Tsahal, ni confirma, ni desmiente. La ofensiva da como fruto la muerte de tres importantes dirigentes del movimiento de resistencia islámico. El último es el que era su ministro del Interior, Said Siam. Mientras El Cairo trata de reconducir el conflicto por la vía diplomática, desde Gaza continúan cayendo cohetes en suelo israelí, que se cobran la vida de tres personas. Terminar con estos ataques era el objetivo de la operación “plomo fundido”. Por el camino se quedan diez soldados israelíes muertos en la ofensiva. Y cerca de 1.200 palestinos, además de otros 5.000 heridos.