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!Que la historia le juzgue!

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!Que la historia le juzgue!

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George Bush juraba el cargo, para su primer mandato, el 20 de Enero de 2001. Pero jamás pudo imaginar lo que le iban a deparar ni la historia, ni el destino. Llegó el once de septiembre, las Torres Gemelas de Nueva York, caían como un castillo de naipes, en el atentado terrorista que marcó la totalidad de su mandato presidencial.

Bush inició una cruzada contra todo aquello que supusiera un peligro para su país. Afganistán, primero y luego, Irak. Una forma de actuar, convertida en doctrina, gracias a un cúmulo de despropósitos, que su administración iba reconociendo poco a poco. Una guerra empantanada en diversos episodios de torturas. “El problema de la herencia que deja la administración Bush al mundo, es que está muy ligada a la guerra de Irak y creo que Guantánamo y Abu Gharib, fueron precisamente síntomas del fracaso en Irak”, según el analista, Sibley Telhami. Y precisamente en Bagdad se dibujó el símbolo de los símbolos, el “zapatazo” a Bush, el insulto supremo, una imagen que dió la vuelta al mundo. Fue en diciembre pasado, en su última visita a la región. El presidente estadounidense reconoció: “Las cosas no han ido como estaban previstas, digámoslo así. Los historiadores echarán la mirada atrás, y tendrán una visión precisa de los errores. No podremos hacer balance de una administración hasta pase un tiempo”. Quizás el futuro juzgue mejor su papel en Oriente Próximo y Medio, pero su actuación en la crisis del huracán Katrina, tiene pocas explicaciones. Las aguas redujeron a escombros gran parte de Nueva Orleans. Millones de personas se quedaron sumergidas en la más absoluta miseria, ante la respuesta de un Gobierno, impotente. Miseria, como la provocada por la crisis de las llamadas hipotecas basura, que Bush no reconoció hasta el último momento. Para el profesor de la Universidad de Georgetown, Stephen Wayne, “el presidente no provocó la recesión, pero cuando llegó se quedó dormido en los laureles”. Un final triste, aunque no faltó el buen humor en su despedida de los periodistas: “Sabe, no me imagino, no, con un gran sombrero de paja con una camisa hawaiana sentado en la playa, sobre todo desde que dejé la bebida”, dijo Bush en su última rueda de prensa en Washington. Bush acaba su mandato como el rosario de la aurora, con la cota de popularidad más baja de todos los tiempos, para un presidente en vida.