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Demasiado tiempo de espera

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Han pasado ocho años, ocho años de moratoria, pero Barack Obama ha cumplido. Ha levantado la prohibición sobre el uso de fondos públicos para investigar con células madre embrionarias.

Demasiado tiempo de espera, opinan médicos y enfermos, para combatir multitud de enfermedades, que son todavía crónicas. “Este es uno de los campos de la ciencia que avanza con mayor rapidez, incluso con restricciones, hemos estado operando con una mano atada a la espalda”, dice el doctor George Daley, del Hospital Infantil de Boston (Massachusetts). Las células madre embrionarias tienen un potencial enorme. Se trata de células que se extraen durante los primeros días de vida de un bebé. Enfermedades con la diabetes, las lesiones graves en la espina dorsal, e incluso el Parkinson, podrían curarse. En el caso de los mamíferos, estas células permiten regenerar los tejidos del cuerpo dañados y mejorar la calidad de vida de los afectados como el actor estadounidense, Michael J. Fox: “No perseguimos ningún interés exhibicionista mostrando nuestra enfermedad para dar lástima, ni nada parecido. Queremos soluciones impulsando la ciencia, y ya ha pasado mucho tiempo”. La mayoría de los embriones utilizados provienen de las clínicas que practican la fecundación in vitro. Algunos se usan, otros se guardan congelados, y una parte se destruye. Y aquí, precisamente nace la polémica, porque hay personas que consideran que este embrión es ya un ser humano. Una opinión que los científicos responden: “Trabajar con embriones y con los derivados de las líneas de células embrionarias va a ser en cualquier caso, éticamente mejor, que simplemente desechar estas células, si no nos sirven”, señala el profesor Peter Andrew, del Departamento de Ciencias Biomédicas de la Universidad de Sheffield (Reino Unido). En Europa, el debate está vivo. Sin legislación común los Veintisiete navegan en la ambigüedad. El Reino Unido es uno de los pocos países con una sólida tradición en esta materia. No en vano, allí nació hace más de treinta años, Louise Brown, el primer bebé probeta del mundo.