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Medio siglo de diáspora tibetana

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Medio siglo de diáspora tibetana

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Mantiene a los tibetanos unidos: a los exiliados y a los que siguen en el Tíbet. El décimocuarto Dalai Lama insiste, sin desfallecer, desde su exilio en Dharmsala (India), en su política del “Camino del Medio”, el de una autonomía política para el Tíbet.

En 1979 el jefe espiritual tibetano abandona la reivindicación de independencia y tiende la mano a China para encontrar una salida negociada al litigio. Durante cincuenta años los tibetanos han obedecido, sin desmayo, a su jefe espiritual. Son 100.000 los tibetanos que viven en el exilio. Medio siglo es mucho tiempo, y algunos están ya al límite de su paciencia. “Estoy triste, estoy triste porque sigo siendo una refugiada en otro país. Soy tibetana y nunca he visto mi tierra. Así que en este cincuentenario espero que llegará algún día, en el que podré volver a mi país”, explica Chemi Wangme, una tibetana en el exilio. ¿Y cómo llegará ese día? Para la vieja generación de exilados, la vía no violenta predicada por el gran Lama es incontestable. Dhanga Phuntsok, antiguo combatiente contra la ocupación china, a cuya resistencia se incorporó en 1958, cree en la independencia firmemente: “No es posibe que yo vea la independencia porque ya tengo 78 años, pero la libertad es posible para la generación más joven. Su santidad está aquí. Hay esperanza de conseguir la independencia del Tíbet”. La nieta de Dhanga expresa el sentimiento de una joven generación menos complaciente y resignada, más decidida a ver y a tener resultados. “Porque mucha gente se ha sacrificado hasta hoy por nuestro país, no creo que su sacrificio haya sido en vano, que haya sido un desperdicio. Tenemos que luchar para tener la independencia; todavía tenemos que luchar”, comenta Tenzin Zompa, estudiante de Medicina. Al otro lado del Himalaya, en las regiones vecinas del Tíbet, al Oeste de China, no hay noticias ni testimonios. El Tíbet está prohibido a los periodistas extranjeros. Seis millones de tibetanos que viven en el Techo del Mundo están condenados al silencio.