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General Motors bajo la mirada crítica de Bruselas

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General Motors bajo la mirada crítica de Bruselas

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Varios ejecutivos de la multinacional estadounidense entre ellos el número uno de GM-Europe Carl-Peter Forster negocian con los ministros de Industria la concesión de ayudas públicas que eviten el cierre de las plantas de sus filiales europeas: Opel, Saab o Vauxhall.

Los gobiernos comunitarios sospechan que de inyectarse dinero, la liquidez iría en gran parte a la casa matriz de Detroit, sobre la que pende desde hace meses la amenaza de la quiebra. General Motors pide por ejemplo a Berlín 2.500 millones de euros para salvar a OPEL que emplea a 55.000 trabajadores, la mitad de la plantilla que la firma americana tiene en Europa. Las ventas de las marcas europeas de General Motors apenas han caído, en todo caso mucho menos que en otras empresas rivales. En febrero por ejemplo se han vendido más automóviles que en noviembre. Las estadísticas demuestran que en particular Opel resiste bien la crisis, pero su tesorería está sufriendo al absorber su casa matriz los fondos que necesita para sobrevivir. Se acusa a General Motors de aprovechar a la división entre los países europeos. La sueca Saab está en suspensión de pagos y de no llegar fondos públicos, la firma americana se desprenderá de ella el año que viene. Los británicos de Vauxhall se han ofrecido para fabricar el nuevo modelo híbrido Ampera, pero General Motors lo condiciona a una ayuda importante de Londres.