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De pinchadiscos a presidente

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De pinchadiscos a presidente

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Después de tres meses de crisis, Madagascar ha conseguido el cambio. La isla del Océano Índico, ex colonia francesa, tiene ahora un presidente de 34 años desconocido hace un año fuera de las discotecas, donde trabajaba como pincha discos.

Hastiados de promesas rotas, de la corrupción y de la pobreza, los malgaches han apostado por un cambio radical. “A veces señala esta mujer es importante cambiar, así es la vida…las cosas cambian” “Estamos esperando añade este joven cambios que repercutan en el bienestar del peublo y no sólo de unos pocos” Son esas mismas razones las que llevaron al poder a Marc Ravalomanana hace siete años. Muchos consideran que su gestión ha sido positiva pero insuficiente: “El anterior presidente ha logrado muchas cosas, afirma este empresario por ejemplo en el terreno de las infraestructuras y las telecomunicaciones, pero también ha cometido muchos errores” Ravalomanana accedió a la presidencia en 2002, después de siete meses de crisis que pusieron en jaque al ejecutivo de Didier Ratziraka, en el poder desde hacía 27 años. Tras la revuelta que costó la vida a decenas de personas y paralizó la economía nacional, Ravalomanana prometió la apertura democrática y mejorar el nivel de vida de los malgaches. Pero 2008 puso sobre el tapete las deficiencias de su gobierno y el foso cada vez mayor entre ricos y pobres. Sin embargo, la isla es potencialmente rica gracias a sus recursos mineros, al turismo que pesa 390 millones de dólares y a sus materias primas, como el arroz, la vainilla o el café. En base a esas tres riquezas el crecimiento aumentó el año pasado. Pero la otra cara de la moneda es que el 70% de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. El 50% de los niños padecen retrasos en el crecimiento y el país es el número 146 en la lista de los 177 países más pobres. Aunque en los últimos años el país se ha abierto considerablemente a las inversiones extranjeras, la población no ha visto el fruto de esa apertura. La crisis mundial ha golpeado con dureza la isla, y ahora, la crisis política amenaza con debilitar aún más una economía ya renqueante.