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El incierto futuro Moldavia

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El incierto futuro Moldavia

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El Parlamento moldavo, saqueado. Una violencia inédita en esta antigua república soviética, una de las pocas que no vivió una revolución postcomunista. Sin embargo, las legislativas han reavivado las tensiones reprimidas durante tantos años entre pro-rusos y pro-occidentales. Algunos de estos últimos son partidarios incluso de una unificación con Rumanía, como demuestran las pintadas que han aparecido en las paredes del hemiciclo.

Moldavia está encajonada entre Rumanía y Ucrania. Y de hecho hasta su anexión a la URSS, dependía de Bucarest. La ciudad de Galati está situada en la rivera rumana del Danubio y el tránsito de moldavos por sus calles es constante. Vienen aquí a trabajar o vender sus productos. El futuro lo buscan fuera porque su país es uno de los más pobres de Europa. Además hablan la misma lengua que los rumanos. Cruzan la frontera hacia el oeste o hacia el este en busca de una vida mejor, como Tamara, que hoy se marcha a Moscú, dejando a sus dos hijas en casa. Todo un trauma para las pequeñas. Katia es la mayor: “Se ha ido a Rusia para ganar dinero dice entre lágrimas. No tenemos padre, así que nos ha tenido que dejar solas aquí”. Igualmente traumática es la situación que vive la franja separatista de Cisdniester. Poblada principalmente por rusófonos, esta región moldava cuenta con el apoyo de Moscú para escindirse definitivamente de Chisinau, aunque los problemas son los mismos a uno y otro lado de la frontera. Sobre todo para los jóvenes. “Quiero marcharme a Rusia este mismo año dice una chica en Tiraspol, en cuanto acabe mis estudios. Aquí no hay nada que hacer. Es una ciudad preciosa, pero no se puede vivir en ella”. La juventud está desencantada. Durante décadas varias generaciones han visto cómo sus padres emigraban de manera masiva, huyendo de la miseria, para abrirse camino en Europa o Rusia. Y a día de hoy ni siquiera confían en que las cosas puedan cambiar.