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Las contradicciones económicas de Argelia

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Las contradicciones económicas de Argelia

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Los hidrocarburos son el maná de Argelia. Los ingresos del petróleo han pasado de 43.000 millones de euros en 2007 a 57.000 en 2008. Y gracias al incremento que los precios han experimentado en el sector energético, la economía nacional ha salido de los números rojos, liquidando casi por completo su deuda exterior. Los hidrocarburos representan el 45% del PIB argelino y el 96% de sus exportaciones.

Todo ello ha permitido al presidente Bouteflika lanzar dos planes de desarrollo económico por un valor de 130.000 millones de euros. La mayor parte de ese dinero se ha destinado a modernizar las infraestructuras, a paliar el problema de la vivienda y a incentivar la economía no petrolera, que ha crecido un 6% en 2008, según el FMI. Sin embargo, la industria que no está relacionada con los hidrocarburos ha perdido peso. Entre 2003 y 2008 este sector ha caído del 18% à 5%. Argelia abandonó el modelo de economía centralizada durante los años noventa, pero desde entonces no ha reducido su aparato burocrático. La corrupción, la inseguridad jurídica y un sistema bancario obsoleto siguen lastrando a un país donde abundan las contradicciones. “Hoy en día tenemos muchísimo dinero explica el periodista Omar Belhouchet, del diario El Watan. Disfrutamos de unas reservas de capital considerables. Y precisamente por eso nadie hace nada. Cuando hay dinero hay más facilidades y el gobierno no se siente obligado ha emprender ninguna reforma”. Aunque no es oro todo lo que reluce. Pese al favorable contexto económico, Argelia presenta un índice de paro oficial del 12%, que se eleva al 70% entre los jóvenes, según medios independientes. Una cifra inquietante, ya que el 70% de la población tiene menos de 30 años. Las causas que han conducido a esta paradójica situación son el declive de la industria manufacturera y del sector agrícola. Hoy los bienes de consumo ya no se producen en casa porque sale más barato importarlos de países como China. El petróleo da para eso y mucho más, pero la riqueza que genera puede ser un arma de doble filo; al menos en Argelia.