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El mundo, un polvorín de desigualdad a punto de estallar

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El mundo, un polvorín de desigualdad a punto de estallar

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Negro. El informe anual de amnistía internacional refleja un panorama más que sombrío de la situación de los derechos humanos en el mundo, agravada por la crisis económica. Ahora que la ong se dispone a lanzar una campaña en favor de los prisioneros de la pobreza, en este informe analiza los efectos de la crisis financiera. La precariedad aumenta en todos los continentes, y con ella, la exclusión y las desigualdades.

Larry Cos, Director Ejecutivo de Amnistía Internacional de Estados Unidos: “El punto principal del informe es que por debajo de la crisis económica global, hay una crisis creciente global de los derechos humanos que se está viendo agravada por el hecho de que cada vez hay más gente pobre, desempleada y sin hogar.” Mil millones de personas padecen hambre en el mundo. El año pasado, la crisis alimentaria hizo que 150 millones de personas más cayeran en la pobreza. La crisis económica añadió 53 millones. De 18 a 51 millones más podrían perder sus empleos. Esas poblaciones expuestas a las penurias sufren en muchos casos un doble efecto: la discriminación y la manipulación de las ayudas alimentarias con fines políticos. En Zimbabwe, por ejemplo, la comida se utilizó a finales de 2008 como un arma contra la oposición. Por otra parte, el aumento de la pobreza y de las situaciones desesperadas favorecen las protestas, a veces violentas y reprimidas con violencia. Irene Khan, secretaria general de Amnistía Internacional: “Cuando la gente toma las calles para protestar por determinadas situaciones sociales, económicas o políticas, los gobiernos responden con dureza. El informe de Amnistía Internacional constata protestas en 17 países reprimidas con excesiva dureza. Asi que hay un riesgo real de que la recesión se traduzca en más represión” Inestabilidad política y violencia son factores potencialmente explosivos con la crisis. En palabras de Amnistía, el mundo es un polvorín de desigualdad a punto de explotar. Para concluir, la ONG señala que los países del G-20 están lejos de ser modelos en el ámbito de la protección de los derechos humanos. En numerosos países europeos se ha desarrollado un clima de racismo y de intolerancia contra, sobre todo, inmigrantes, judíos, musulmanes y gitanos.