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Cinco razones explican el derrumbe de General Motors

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Cinco razones explican el derrumbe de General Motors

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En primer lugar el choque energético de 2008. La repentina subida de las gasolinas en el verano pasado provocó que los vehículos de gran cilindrada y elevado consumo dejaran de ser populares. Ya no se vendían bien los todoterreno y sedanes donde General Motors generaba sus mejores márgenes.

En segundo lugar, la crisis mundial agravó la financiación de su cuantiosa deuda. El grupo de Detroit se encontraba sin liquidez, cuando más la necesitaba. Al mismo tiempo, con una banca americana postrada por la crisis “subprime”, los créditos a la clientela de General Motors se encarecieron y rarificaron, provocando una nueva caída de la demanda. En tercer lugar, General Motors arrastraba un pesado fardo en forma de costes de salud para sus trabajadores y pensiones para sus jubilados. Por cada obrero de la empresa, la firma tenía que financiar a 10 dependientes. Eso suponía un “sobre coste”, estimado en 2.000 dólares por vehículo. Cuarta razón. General Motors perdió la batalla tecnológica. La robotización de sus fábricas llegó tarde y mal, mientras la firma apostó ciégamente por automóviles pesados, tipo SUV, de gran consumo y elevado precio, con un diseño desfasado. La concepción de un vehículo híbrido, el Chevy Volt llegó demasiado tarde. La cuota de mercado de GM había caído a niveles que ya no hacían sustentable su negocio. General Motors opera en 41 países. Las actividades en Estados Unidos lastraban la empresa, pero crecía en otros mercados sobre todo asíaticos. Pues bien, quinta razón de la suspensión de pagos, la crisis terminó también por deprimir la demanda de sus productos a nivel mundial, dando así la puntilla a un grupo que ya sufría desde hace décadas. La cuestión es saber si la nueva firma que surja de la reestructuración podrá volver a seducir a una clientela que ya hace tiempo desertó de sus concesionarios.