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Siguiendo las tormentas de polvo del desaparecido Mar de Aral

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Siguiendo las tormentas de polvo del desaparecido Mar de Aral

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Violentas tormentas de polvo son cada vez más frecuentes en varias regiones de Asia Central. El desaparecido Mar de Aral ha dado paso a una cantidad enorme de arena que viaja con estas tormentas llevando consigo sal contaminada y productos químicos. Un grupo de científicos europeos y de Asia Central trabaja para conocer sus secretos.

Hace 40 años en Asia Central había un mar. Hoy es una de las zonas más secas de la región. Esta es la razón por la cual un grupo de científicos europeos trabaja aquí, en Kazajstán. Christian Opp, científico alemán, es uno de ellos. “El Mar de Aral era como una isla de frescura entre dos desiertos. Era una reserva de agua enorme, con un hábitat y un biotopo muy ricos, dotados de una rica biodiversidad. Ahora llamamos al mar desaparecido “Aralkoum”, el desierto de Aral. Se puede ver por todas partes, el lago se ha convertido en un desierto”, explica. Oleg Semedov, científico ruso, trabaja en el grupo. “Cuando el nivel del mar bajó uno de los mayores problemas fue la desaparición de valiosas especies de peces. Los pescadores que vivían en la costa perdieron sus trabajos. También hubo otro problema, el antiguo lecho marino se convirtió en una peligrosa plataforma de polvo, sal, aerosoles y productos químicos que viajan con el viento. Al dispersarse han acabado con casi toda la vegetación en 150 kilómetros a la redonda. La desertificación de toda la región es imparable”, afirma. La explotación intensiva e ineficaz de los ríos que alimentaban el Mar de Aral acabó diviéndolo en tres pequeños lagos. El Mar de Aral perdió unos 50,000 kilómetros cuadrados de superficie. Las consecuencias sociales han sido enormes. El desempleo y la pobreza no paran de crecer en las hoy desaparecidas orillas del Mar de Aral. El número de casos de tuberculosis y hepatitis es el doble que en otras regiones cercanas. Además, aquí el viento no da un respiro a los habitantes de la zona. Las tormentas de polvo son muy frecuentes en el antiguo lecho marino. Transportan arena, sal y productos químicos procedentes de la actividad agrícola. Un cocktail venenoso que respiran todos los días los habitantes de esta zona en la que trabaja el grupo de científicos europeos que lleva a cabo un proyecto llamado “CALTER”. Leah Orlovsky es el coordinador del proyecto. “Lo primero que queremos saber es qué está ocurriendo con las tormentas de polvo en Asia Central y sobre todo en la zona cercana al Mar de Aral, los últimos estudios al respecto fueron realizados tras la desintegración de la Unión Sóviética. El polvo no conoce fronteras, este polvo puede llegar hasta Europa o hasta otras zonas del planeta. Queremos saber qué cantidad de polvo y de sal circula en las tormentas, su composición y su dirección. Además, queremos proponer soluciones para minimizar el impacto de estas tormentas”. A unos 300 kilómetros del Mar de Aral, los científicos visitan una estación meteorológica en la que han colocado una trampa para el polvo. Las partículas de polvo atrapadas son pesadas, medidas y analizadas. Los científicos estiman que las tormentas pueden transportan hasta 400 kilos de polvo por hectárea cada mes en sitios como éste. Habla Christian Opp. “Hemos determinado el tamaño de los granos de polvo y también su composición mineral con ayuda de técnicas como la radiofluorescencia. Con estos datos podemos establecer las regiones de procedencia. Antes teníamos una hipótesis y es que si ese polvo procede en parte del fondo del Mar de Aral, las cantidades de sal deben ser relativamente elevadas. Y hemos conseguido demostrarlo: efectivamente la sal del Mar de Aral ha llegado hasta aquí”. Viajamos hasta Almaty, la antigua capital de Kazajistán. En el Centro Nacional de Investigación Espacial, se siguen de cerca las tormentas de polvo a través de satélites. Las tormentas de polvo son un elemento clave en el cambio climático. La propagación del polvo sobre los océanos podría enfriar su superficie impidiendo, por ejemplo, la formación de huracanes. Y en Asia Central las imágenes de los satélites muestran que las tormentas de polvo agudizan la desertificación de ciertas zonas. Lev Spivak, responsable del Instituto de Investigación Espacial Nacional de Kazajstán. “Desde el año 2000, la superficie de la propagación de polvo de la región de Aral está creciendo como ocurre también con la intensidad y la frecuencia de las tormentas. Antes, las tormentas de polvo ocurrían sobre todo en el noroeste. Ahora se dirigen sin embargo hacia el sur, lo que significa que cada año aumentan las zonas contaminadas por la sal del lecho marino del Mar de Aral”. Los científicos también quieren entender las dinámicas internas de las tormentas, su volumen, la velocidad y la densidad. Para ello, reproducen pequeñas tormentas de polvo en un túnel de viento equipado con un láser y lleno de polvo y de arena del desierto. Habla Oleg Semedov. “Estos experimentos nos han permitido entender cómo y cuánta arena transportan las tormentas a diferentes velocidades. Ahora sabemos que las partículas de arena avanzan como una avalancha, las pequeñas partículas empujan a las más grandes que a su vez empujan a otras todavía más grandes…También sabemos que el nivel máximo de concentración de arena se encuentra a una altura de fracciones de milímetro sobre el suelo. Cuanto más nos acercamos al corazón de la tormenta, menor es la densidad de polvo. Las ecuaciones matemáticas nos ayudan a calcular la masa total de arena que transportan las tormentas a diferentes niveles y velocidades del viento”. Volvemos al desierto donde los científicos también estudian diferentes emplazamientos geológicos. Están convencidos de que alrededor del Mar de Aral, la desertificación provocada por el hombre aumenta las tormentas de polvo que están secando regiones cada vez más lejanas. Leah Orlovsky, coordinador del proyecto “CALTER”. “Ahora sabemos la cantidad real de polvo que cae por metro cuadrado, lo medimos en toneladas por año y por hectárea. Sabemos también la composicón química de ese polvo y de dónde procede. Eso nos permite proponer algunas medidas de prevención. Creemos que la mejor manera de evitar la degradación alrededor del Mar de Aral es cultivar plantas autóctonas. No en el antiguo lecho marino sino en pequeñas islas. Esas plantas fijarían la superficie y habría menos polvo viajando en las tormentas”. Los científicos también esperan que su trabajo pueda ayudar a establecer una red de alerta para prevenir tormentas y también otros fenómenos que amenazen el medio ambiente en Asia Central.

http://www.epif.bgu.ac.il/CALTER