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El conflicto iraní refleja las tensiones en la cúpula del régimen teocrático

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El conflicto iraní refleja las tensiones en la cúpula del régimen teocrático

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¿Está bajo amenaza el poder del Guía Supremo? La respuesta hay que buscarla en el complejo sistema iraní, donde incluso los opositores son hijos del régimen. Su forma actual se remonta a 1979, con la instauración de la república teocrática islámica tras la toma de poder del Ayatolah Jomeini, que regresó al país después de 15 años de exilio. Desde entonces, Irán está gobernado por los molahs. A su cabeza se sitúa el Guía Supremo, que controla todos los resortes del poder.

El Guía Supremo cuenta con un cuerpo armado que obedece exclusivamente a sus órdenes. Se trata de los Guardianes de la Revolución Islámica o Pasdaranes, una fuerza paralela al Ejército regular y una cantera de voces adeptas al régimen que se asienta sobre dos pilares: la religión y el Ejército. El sistema iraní hace cohabitar dos poderes: uno democrático y político, cuyos representantes son elegidos por sufragio universal directo, y otro religioso, que encarna el Guía Supremo. Tanto el presidente, como el Parlamento y la Asamblea de Expertos dirigida actualmente por el ex presidente Rafsandjani son elegidos por el pueblo. La Asamblea se encarga de nombrar al Guía Supremo, que por su parte controla el Ejército, la Justicia y el Consejo de discernimiento, que arbitra los litigios en los diferentes cuerpos del régimen. El Guía Supremo nombra también en parte al influyente Consejo de los Guardianes, que supervisa el cumplimiento de la Constitución y de la ley Islámica, y que tiene la potestad de oponerse a los candidatos a las elecciones directas. En todos esos cuerpos, los religiosos son mayoría. Hasta ahora, todo proyecto o candidato reformista se ha topado con el poder o con el veto de los molah. Las causas hay que buscarlas en las profundas divisiones y rivalidades entre las facciones clericales que se conforman los altos estratos del régimen, un poder que señala una analista a euronews “es un cirucito cerrado al que pertenecen hasta los opositores”: “Por supuesto que hay una lucha de poder, la ha habido siempre, y tal vez eso es lo que hace que desde el exterior se tenga la impresión de que hay una democracia. Porque hay una pugna, luchas en el Parlamento y fuera de él. También hay un debate, pero es un debate entre personas escogidas, que ya han sido aceptadas por el régimen y que no ponen en tela de juicio el sistema.” Si se produce un cambio de régimen en Irán, no es probable que ese cambio pueda impulsarse desde la calle. Las divisiones y las luchas intestinas entre dignatarios capaces de hacer tambalearse el sistema se dan en la cima del poder.