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El régimen teocrático iraní busca una salida a la crisis sin testigos incómodos

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El régimen teocrático iraní busca una salida a la crisis sin testigos incómodos

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En las retinas de los dirigentes del ala dura del régimen iraní aún queman las imágenes del multitudinario desafío que les lanzó el lunes la oposición reformista. Salpicada de actos de violencia, la manifestación pro-Musaví congregó a cerca de un millón de personas en el mismo lugar en que 24 horas antes apenas miles celebraban el triunfo de Ahmadineyad.

Tampoco han gustado las críticas de Occidente ante la violenta reacción de las milicias progubernamentales, que han matado a siete manifestantes y herido a decenas. El presidente del parlamento iraní, Alí Larijani, ha venido a decir que Europa y Estados Unidos deberían ocuparse de sus asuntos en lugar de juzgar precipitadamente los ajenos. Lo cierto es que la incredulidad general ante la arrolladora victoria de Ahmadineyad, reelegido en primera ronda por el 64% de los votos, coloca al régimen teocrático iraní en una situación sin precedentes. Según explica nuestro experto en el mundo islámico, Riad Massas, “estas manifestaciones y contra-manifestaciones callejeras reflejan una profunda escisión entre quienes quieren reformas y cambios y quienes pretenden perpetuar los principios de la Revolución. Al ejercer presión sobre los líderes reformistas, el régimen busca atajar la violencia latente. Pase lo que pase, la crisis dejará profundas secuelas que aflorarán tarde o temprano. Lo más probable es que el régimen de los ayatolás deba abrirse al mundo”. El gobierno iraní busca una salida al conflicto sin testigos incómodos. Ha prohibido a la prensa extranjera que cubra manifestaciones y ha aceptado un recuento parcial de votos tan limitado que poco o nada puede cambiar.