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Agua y lluvia de estrellas

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Agua y lluvia de estrellas

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En las puertas del cine Pushkin, que acoge la trigésimo primera edición del Festival de Cine de Moscú. Un festival, grande entre los grandes: “Aquí está nuestro propio cine, con nuestros actores, nuestro público que nos reconoce y nos recuerda, es nuestro Cannes”, señala la actriz rusa, Svetlana Nemolyaeva.

Dieciséis películas a concurso de todos los continentes y con todos los contenidos, que buscan el galardón del festival, el San Jorge de Oro. Una de las producciones es “La Princesa Tártara”, una película dedicada a la gran poetisa rusa, Anna Ajmátova, cuando se cumplen los 120 años de su nacimiento. Adrian Brody, el actor estadounidense, ganador de un Óscar, ha traído hasta la alfombra verde de Moscú, su último trabajo “Cadillac Records”. “El Zar” de Pavel Lunguin, presidente del jurado, fue la película elegida para abrir el festival. Todo un homenaje para el actor Oleg Yankóvsky fallecido en mayo, que tiene un pequeño papel en la cinta. Una superproducción que pasó por el Festival de Cannes como una “mirada especial” y que no deja indiferente a nadie. La vida de Iván IV de Rusia, conocido como “Iván, El Terrible”, reproduce con detalle la personalidad del hombre que forjó su leyenda y la de su pueblo durante buena parte del siglo XVI. Una buena dosis de patriotismo: “Yo creo que la fractura entre los intereses del público ruso y nuestras producciones siempre ha sido muy grande, películas artísticas, intelectuales, y creo que en la actualidad esta fractura adquiere aún mayor dramatismo”, en opinión del productor Alexander Rodniansky. “Prisioneros del Poder”. Una obra literaria de ciencia ficción de los hermanos Arkady y Boris Strugatsky da título a otra gran película rusa. Treinta millones de euros de coste para ver cómo un joven de 20 años se enfrenta al mundo del siglo XXII. Una guerra abierta, en una isla inhóspita contra unos gobernantes que controlan la mente de todos sus habitantes.