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Áqaba, turismo y ecología en un frágil equilibrio

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Áqaba, turismo y ecología en un frágil equilibrio

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Cuatro décadas de desarrollo económico pueden convertirse en una amenaza para el medio ambiente marino. Es bien conocido que la convivencia entre el transporte, el turismo y la industria nunca es fácil.
 
Estamos en el Golfo de Áqaba, en Jordania. Aquí la sociedad tiene verdadera conciencia del problema:
 
“Aqaba es una zona económica especial, intentamos atraer más inversiones, hasta alcanzar las 12.000 plazas hoteleras en dos años”, señala Fadi Sharaiha, director de la Royal Marine Conservation Society.
 
“Estamos poniendo en marcha medidas para que todas las instalaciones estén lo más limpias posible. Todo de acuerdo con los turistas y con los centros de buceo”, según Sharaiha.
 
Así que manos a la obra. La Royal Marine Conservation Society es una organización no gubernamental que organiza actividades para limpiar los veintisiete kilómetros del litoral jordano.
 
Técnicos, buceadores profesionales y estudiantes recogen toda la basura submarina posible.
 
Además intentan sensibilizar a los más jóvenes: “Limpiamos la zona para regenerar el manto coralino”, comenta Noor Moghrbai, una estudiante de la zona.
 
Parece un juego, pero el problema es muy serio. En una sola inmersión de media hora recogieron casi media tonelada de porquería. Los expertos estudian ahora el tipo de basura y su impacto en el ecosistema.
 
“Esta vez hemos pescado muchas bolsas, recipientes de plástico, además de la basura. Han participado treinta y cinco buceadores que han recogido quince o veinte sacos de todo tipo de desperdicios diferentes”, precisa Fadi Sharaiha.
 
El Golfo de Áqaba es un ecosistema muy frágil que cuenta con 500 especies de coral. En Jordania, las autoridades no escatiman esfuerzos para proteger el fondo marino.
 
“Vamos a plantar este coral a diez metros de profundidad, en un arrecife creado artificialmente que se encuentra, aquí mismo a unos diez metros a mis espaldas”, comenta el biólogo marino, Abdullah M. Momany.
 
Pero el proceso de regeneración del coral no es fácil. Estos arrecifes están fabricados con formas diferentes, todos en bloques de cemento para que el coral pueda desarrollarse. 
 
Su crecimiento es muy lento, apenas un centímetro al año y su fragilidad, absoluta. Con esta operación el impacto del turismo de masas, el transporte y la industria local es mucho menor.
 
“Podemos reducir el impacto, traer a la gente para que vea este proyecto de regeneración artifical en zonas arenosas, donde necesitamos que el manto coralino creazca, aquí en Áqaba”, precisa Momany.
 
Desarrollo sostenible. Dos palabras clave para entender el mundo.
 
Áqaba intenta equilibrar la balanza. Turismo si, pero no a cualquier precio, y siempre protegiendo adecuadamente el ecosistema marino.