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Bagdad elige esta semana las compañías extranjeras que explotarán seis enormes campos de crudo y dos de gas.

Algo inédito desde la nacionalización de la compañía petrolífera en 1972. Antes de ese año, un consorcio de empresas holandesas, británicas, estadounidenses y francesas disfrutaba de la concesión de casi todo el territorio. Muchos iraquíes consideran esta maniobra como un pillaje de sus recursos naturales. Los responsables de las empresas locales, como la South Oil Company, se oponen. Según este representante sindical del sector, “estas compañías no actúan en beneficio de Irak, tienen sus propias políticas que, sin duda, influirán en la soberanía iraquí”. Para las empresas concesionarias, los términos del acuerdo tampoco son ideales: deberán asociarse con sociedades iraquíes públicas y compartir la gestión con ellas. Además, deberán pagar el cien por cien de la reforma de campos y el equipamiento. Además, la seguridad. Una cuestión vital que puede aumentar los costes del proyecto hasta en un 15 por ciento. “Obviamente, la seguridad es un tema importante, que deben acordar las autoridades y las compañías implicadas. Pero el retorno de la inversión, comparado con los costes en seguridad, hace que valga la pena “, asegura este analista. Irak es la tercera reserva de petróleo del mundo, con 115 mil millones de barriles. A causa de la guerra, la producción cayó a 2, 4 millones de barriles por día. El principal objetivo de esta asociación es llegar a cuatro millones en los cinco próximos años. Las autoridades iraquíes afirman que obtendrán como mínimo 1, 7 billones de dólares en 20 años. De ellos, solo 30 mil millones serán para las compañías foráneas. El petróleo siempre ha sido el nervio de la guerra en Irak. La razón de la invasión estadounidense en 2003 para, entre otros, los resistentes que incendiaban las refinerías en protesta por la ocupación. Objeto de codicia extranjera y también de litigio interno. Especialmente con el Kurdistán, la región semiautónoma al norte del país que rebosa de crudo. El gobierno federal le niega el derecho a firmar contratos sin su aval. Bagdad espera que los beneficios procedentes de estos acuerdos permitan al país reonstruir sus infraestructuras y superar así seis años de guerra y de ruina.

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