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Tejidos técnicos más fuertes que los desastres naturales

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Tejidos técnicos más fuertes que los desastres naturales

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Llevó tan solo unos segundos arrasar por completo el centro histórico de L’Aquila, en el centro de Italia. El terremoto, de 5,8 grados en la escala de Richter, mató a 308 personas aquí y en otras localidades cercanas.

Era la madrugada del 6 de abril. 50.000 personas se quedaron sin hogar. “Aún recuerdo esa noche. Mi cama se movía de un sitio para otro. Se cayeron todos los libros. Pude escuchar un ruido terrible desde el exterior. Todos los escombros cayendo a la calle. Nunca lo olvidaré”, se lamenta Federico Porfirio, superviviente del seísmo. Al centro del pueblo solo pueden acceder policías, bomberos…e ingenieros. Intentan determinar qué estructuras arquitectónicas pueden salvarse. Y cómo. Para conseguirlo tienen una idea. Tejidos técnicos como la fibra de carbón o la fibra de vidrio ayudarán a estabilizar esperan edificios como este. “Para proteger este edificio, primero deberemos proteger los pilares”, comenta Giulio Morandini, ingeniero civil. “Tendremos que limpiar la superficie, dejar solo el hormigón, y pegar nuestro tejido de fibra de carbón, especialmente en la base. Según el tipo de protección que el ingeniero quiera obtener, se puede usar fibra de carbón o…fibra de vidrio. Ambos productos son realmente flexibles y finos, fáciles de adaptarse a cualquier forma del elemento estructural que se quiera proteger”. Pero puede que incluso con estos sofisticados materiales no sea suficiente. En un paisaje de viñedos infinitos estamos ahora cerca de Venecia, a unos 500 kilómetros al norte del epicentro del terremoto. Los investigadores vienen aquí para crear los tejidos multifuncionales del futuro. Materiales capaces de proteger las estructuras durante o después de terremotos, corrimientos de tierra y otros desastres naturales. Pero también capaces de valorar el daño gracias a los sensores colocados en su interior. Es el objetivo de un proyecto de investigación europeo llamado “Polytect”. “La idea es simple: Hacer las estructuras arquitectónicas más parecidas al cuerpo humano y construirles una piel. Así, combinando la información que podemos obtener de los sensores, podemos crear una relación con la estructura arquitectónica durante más tiempo”, indica Thomas B. Messervey, ingeniero especialista en estructuras. “Y podemos realizar de forma perfecta lo que llamamos “supervisión del estado estructural”, que debe contestar cuatro preguntas: ¿existe daño?, ¿qué parte de la estructura está dañada? ¿cuál es la importancia de ese daño? Y, por último, ¿qué significa ese daño? ¿Qué vida tiene la estructura después de ser dañada?” Algunos prototipos ya han sido desarrollados. “Este es un producto para una estructura de albañilería”, continúa Messervey. “La fibra de vidrio va en diferentes direcciones, porque las tensiones y las cargas en la estructura arquitectónica también van en muchas direcciones diferentes. Y en el interior tenemos sensores, cables de fibra óptica en este caso, a través de los cuales podemos enviar luz para valorar el estado de la estructura. Para proteger productos geotécnicos de corrimientos de tierra, colocaremos estos tejidos bajo tierra. Podemos utilizar productos tipo filtro o un material con aspecto de rejilla, tanto para fortalecer el suelo como para filtrar el agua. Dejarán también pasar la luz y la información a través de nuestros sensores para interrogar si se está moviendo o no el suelo. Otras aplicaciones interesantes son estos tejidos con aspecto de soga. Dentro tienen cables de fibra óptica que podemos hacer sensibles a productos químicos. Si los utilizamos en una aplicación para un vertedero, podemos detectar la presencia de productos químicos o la temperatura de ese vertedero”. El principal desafío tecnológico consiste en determinar cómo introducir los sensores en el proceso de fabricación de una forma sencilla, efectiva y rápida. “Hemos tenido que desarrollar sofisticados sensores ad hoc, capaces de comprender lo que está pasando”, recuerda Donato Zangani, coordinador del proyecto. “Por ejemplo, dentro de un edificio, controlar información como deformaciones, temperatura, humedad, rigidez o presencia de sustancias químicas. Al mismo tiempo, hemos tenido que desarrollar técnicas para fijar adecuadamente esos sensores en la estructura. Otro enorme desafío es ser capaces de llevar a cabo pruebas de laboratorio para medir y leer lo que esos sensores nos están diciendo”. Parte de las pruebas de laboratorio se realizan aquí, en Chemnitz, Alemania. Este experimento se llama “test del hongo”. Muestras de polipropileno o fibras de vidrio son deformadas hasta el límite. “Estas estructuras textiles están en principio equipadas con sensores, sondas activas que vigilan las estructuras durante la carga”, explica Frank Weigand, ingeniero eléctrico. “Podemos así deducir qué fuerza ya ha sido inducida en estas estructuras. Antes de la potencial destrucción de estos filtros o rejillas, la sonda la detecta. El objetivo es protegerla de forma que no se rompa durante la inducción de una fuerza reducida, pero que permita detectar con antelación un posible fallo”. Los científicos pueden de esta forma obtener información útil sobre demormación, resistencia a la rotura o desgaste de los tejidos. Diferentes máquinas permiten fabricar tejidos con sensores en su interior a velocidades de hasta 220 metros por hora. Duros requisitos técnicos son la base del día a día aquí. “Cuando me inspiro en la moda para la confección normal hay una colección de otoño, invierno, verano, y debo reaccionar rápidamente a las tendencias. Pero cuando me dedico a los tejidos técnicos, tengo toda una maquinaria detrás mío que debe cumplir con las diferentes funciones”, nos aclara Petra Franitza, supervisora de la patente. “Debo responder a ciertas prerrogativas técnicas que no pueden someterse a las demandas de la moda. Porque aquí se trata también de salvar vidas. Sobre todo en la construcción antisísmica, no se trata de un fenómeno de moda, sino de hacer las viviendas más seguras para evitar el derrumbamiento total de las casas”. El trabajo de estos investigadores puede resultar también útil en la lucha contra los grandes temores de los supervivientes del Aquila y u otros terremotos. “Todavía no quiero volver a casa, incluso si me dejaran. No me siento segura en casa”, confiesa Venusia Alonzo, superviviente del terremoto de L’Aquila. “No ha pasado mucho tiempo. En anteriores terremotos en otros lugares de Italia, las autoridades a veces dieron la autorización para regresar a casa y luego hubo otro terremoto mayor. No quiero caer en la psicosis. Prefiero dormir fuera”. Tecnologías textiles de control: una nueva herramienta contra desastres naturales mortales.

Website : http://www.polytect.net/"