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La estrategia del mar Báltico

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La estrategia del mar Báltico

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Estamos en la isla sueca de Gotland, en el corazón del mar Báltico. Concretamente, en la ciudad medieval de Visby, un enclave de intercambio comercial en tiempos de los vikingos.

Todos los años, durante una semana, se celebra aquí un inusitado festival dedicado a la política. Está abierto al público y en él participan políticos, diplomáticos, medios de comunicación, grupos de presión y varias ONG. Los asistentes pueden elegir entre más de mil seminarios. Es todo un acontecimiento en Suecia. Cada día, el presidente de un partido pronuncia un largo discurso. Entre los temas de este año, la estrategia en torno al mar Báltico, una de las prioridades de la presidencia sueca de la Unión Europea. “Hemos estado cooperando en el mar Báltico durante siglos, por supuesto”, comenta Cecilia Malmström, ministra sueca para Asuntos Europeos. “Pero hemos visto que, asumiendo responsabilidades para proyectos concretos, podríamos mejorar el medioambiente. Podríamos, por ejemplo, proporcionar una formación común a las autoridades aduaneras, un programa de intercambio e información para aumentar la seguridad. Dos mil barcos navegan a diario en este mar, y no existe cooperación suficiente como para prevenir accidentes. Si se produjera uno importante, cómo afrontaríamos sus terribles consecuencias. Se trata, por supuesto, de estar más conectados entre sí, pero también de utilizar las herramientas de la Unión Europea que ya existen, pero de una forma diferente”. Ocho estados miembros de la Unión dan a este mar. Entre todos suman casi cien millones de habitantes. Con el apoyo de las instituciones europeas intentan cooperar a nivel regional para dar respuesta a cuestiones transnacionales. “Trabajamos con las instituciones de la UE tal y como están”, continúa Malmström. “Pero al ampliarse a 27 estados, no se pueden encontrar soluciones que encajen exactamente con todos. Habrá que tener en cuenta algunas particularidades. Está el Euromed, por supuesto, pero también la región del Danubio, la del Mar Negro. Esta región, al estar abierta, es transparente, está abierta a todos. No necesitamos crear ninguna otra institución o mecanismo”. La finlandesa Heidi Hautala ha sido parlamentaria europea de 1995 a 2003. Tras el paréntesis de seis años en la política nacional, vuelve a la escena europea para un nuevo mandato. “Espero que Suecia descubra que existen muy pocas medidas para ayudar al Mar Báltico, que, desgraciadamente, es el más contaminado del mundo”, se lamenta Hautala. “Por ello necesitamos más reglas y más restricciones, especialmente respecto a la política agrícola común. Porque no podemos continuar alimentando el mar con nutrientes, como hemos hecho hasta ahora. La única regulación medioambiental propuesta es la prohibición de los detergentes con fosfatos. Eso está muy lejos de ser suficiente”. La ex periodista Isabella Lövin ha investigado los efectos de la sobrepesca en el mar Báltico. Su libro “Mar silencioso”, publicado en 2007, ha abierto un importante debate en el país. Isabella se ha unido al Partido Verde sueco y acaba de ser elegida eurodiputada. “Cuando hablas del mar Báltico, por lo menos aquí en Suecia, y creo que en todos los demás países, piensas en el medio ambiente, y no en la colaboración entre empresas de los países que lo rodean”, puntualiza Lövin. “Las reservas de bacalao y la pesca en este mar han sido muy mal gestionadas durante dos décadas. Esto se debe a la poca responsabilidad asumida por los políticos. Creo que sería una cuestión clave para los países bálticos administrar correctamente el bacalao, el arenque, la sardineta y toda esa vida marina. Debería ser una prioridad”. En un paseo por el puerto, notamos que hay menos pescadores en la isla. Como mucho, unos cuarenta. Desde hace tres años, Björn Skirby se ha visto obligado a reducir sus salidas al mar. La pesca ya no le garantiza ingresos suficientes para vivir. “Está mal ahora. No tenemos tanto pescado como deberíamos”, se queja Skirby. “No podemos vivir de esto. Somos pequeños pescadores con pequeños botes. Por supuesto, hemos tenido sobrepesca con los barcos grandes. Ahora todos los países ejercen un duro control, espero que la situación mejore”. “Todos los científicos dicen lo mismo: existen dos grandes problemas respecto al mar Báltico”, explica Lövin. “Uno es la nitrificación. Se han introducido demasiados nutrientes en el mar, que es una especie de balsa cerrada. Esto ha creado enormes problemas. El otro problema, al mismo nivel, es la sobrepesca. Porque se ha reducido al mayor depredador del mar, que es el bacalao, a los niveles tan bajos que vemos ahora. Esto ha afectado al ecosistema marino”. Thomas Johansson dirige el departamento del mar Báltico de la Agencia Internacional Sueca de Cooperación al Desarrollo. Intenta crear una red en la región para poner en contacto a los actores del mundo político y económico. Destaca el importante papel de Rusia en la zona. “Es muy importante que Rusia, un país grande y vecino, tenga conexión con el mar Báltico y la región”, destaca. “Los rusos descubrirán que la estrategia de la Unión Europea facilitará quizás la cooperación entre los países en torno al Báltico. Si lo miras desde la perspectiva rusa, tiene que ser mejor cooperar con la organización común de la UE para ocho países que cooperar con ocho países diferentes”. El papel de Rusia en la región despierta también el interés de los eurodiputados. “Rusia es un socio de Europa, y la Unión Europea debe estar ahí”, afirma Olle Schmidt. “Rusia también debería darse cuenta de que debe cooperar y desear dejar entrar a Europa en Rusia, como nosotros dejamos entrar a Rusia en Europa. La cooperación en la región báltica también sería de ayuda. Este es, por supuesto, un tema muy delicado, pero quizás el más importante para la región”. “Podemos decir que desde que Estonia, Letonia y Lituania entraron en la UE, el Báltico es más un mar interior dentro de la Unión”, dice Heidi Hautala. “La única excepción es la Federación Rusa. La Unión Europea debería tener relaciones bilaterales muy sólidas para negociar con Rusia, que también contribuirá con las medidas necesarias”. Puede que el mar Báltico sea el más contaminado del mundo. Pero esto no desanima a los veraneantes a la hora de zambullirse en él. Queda por ver hasta dónde están dispuestos a mojarse Europa y los países de la región para trabajar en su conservación de forma eficaz.