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Sudáfrica: cólera ante las promesas incumplidas

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Sudáfrica: cólera ante las promesas incumplidas

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15 años depués del fin del apartheid en Sudáfrica, la decepción frente a las promesas del partido de Nelson Mandela se ha transformado en cólera en los barrios de chabolas de Johannesburgo.

Los enfrentamientos entre la población, exasperada por la precariedad, y la políca se multiplican. Las manifestaciones de esta última semana han desembocado en actos racistas, como ya ocurrió, el año pasado, en la frontera con Zimbabue. La población local acusa a los extranjeros de quitarles el trabajo y al presidente Jacob Zuma, elegido hace tres meses, de no combatir la pobreza tal y como prometió durante la campaña. “Las cosas no han cambiado en los últimos veinte años. Como puede ver con sus propios ojos, aquí no hay nada, ni ocio, ni estructuras para los jóvenes, ni servicios, ni puestos de trabajo”, comenta este sudafricano en paro. Según cifras oficiales, más de un millón de personas viven en barrios de chabolas frenta a cuatro millones durante el apartheid. Pero la primera recesión en el país en 17 años está agravando las cosas ya que el paro y la inflación se han disparado. “Me gustaría que le presidente Zuma remplazara todas estas chabolas por casas nuevas con, al menos, dos o tres habitaciones y aseos limpios”, comenta este habitante de Johannesburgo. El pasado miércoles, centenares de manifestantes exigieron la dimisión de varios miembros del Consejo Nacional Africano durante un mitin en Johannesburgo. El descontento llega de todas los sectores de la sociedad, de los mineros a los funcionarios que amenazan con nuevas huelgas si no se les aumenta el sueldo. Un escenario que pone en riesgo el consenso político tutelado por Mandela. Los sindicatos y los comunistas amenazan con retirar a sus ministros de la coalición gubernamental. El presidente del país se mostró más confiado durante el 91 cumpleaños del histórico líder el pasdo 18 de julio, “quedaos sentados en casa, no os preocupéis el ANC está en buenas manos.” Sus aliados no le harán regalos y con la lluvia de huelgas que se le avecinan, a Zuma le será, un poco más pesado, portar la herencia de Mandela.