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Un soplo de modernidad que reconcilie a Marruecos con su pasado

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Un soplo de modernidad que reconcilie a Marruecos con su pasado

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Desde que accedió al trono a la muerte de Hassan II, en 1999, Mohamed VI ha querido dejar su impronta sin romper con el legado de su padre. Más discreto y menos locuaz en la escena internacional que Hassan II, el joven monarca se reserva para los asuntos internos.

Entre sus primeros logros, la reforma del código de la familia adoptado por el Parlamento en 2004, que otorga una mayor libertad a la mujer. El divorcio y la poligamia están estrictamente regulados, en este último aspecto, la mujer debe dar su consentimiento. Mohamed VI rehabilita a las víctimas de los años de plomo indultando a numerosos prisioneros, pero la comisión encargada de establecer la verdad sobre los abusos contra los derechos humanos de la era Hassán II prohibe designar a los torturadores. En el plano político, el rey continúa ejerciendo un verdadero poder por encima del Gobierno y del Parlamento. La defensa sigue en manos de los generales designados por su padre. Los atentados de Casablanca de mayo de 2003 conmocionan al país, el monarca pide firmeza a la Justicia y, en los meses posteriores, miles de islamistas son arrestados, a veces de manera arbitraria, y muchos de ellos son condenados. Al mismo tiempo, Mohamed VI muestra su compasión por los víctimas. Frente al empuje de los islamistas radicales, el monarca que, también, ostenta el cargo del Amir al-Mu’minin, líder religioso de los fieles, emprende una profunda reforma religiosa. De nuevo junto a las víctimas, esta vez, las del violento seísmo de febrero de 2004 en el norte del país. Mohamed VI prefiere ser querido que temido. El séptimo monarca más rico del mundo, según Forbes, controla una parte importante de la economía del país. En una década ha hecho del holding real, SIGER, una especie de caja negra que heredó de su padre, un imperio con ramificaciones en casi todos los sectores que equivale al 6% del Producto Interior Bruto del país, según un semanario marroquí independiente. Aunque la riqueza por habitante ha progresado, la educación, cerca del 40% de la población es analfabeta, la sanidad, la justicia y la vivienda son sus grandes asignaturas pendientes.