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El pecado de ser mujer en Afganistán

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El pecado de ser mujer en Afganistán

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En el país de los burkas, nada o casi nada ha cambiado. Muchas jóvenes afganas nacidas en el extranjero después de que sus familias huyeran de los talibanes volvieron a su país en 2002.

Les dijeron que el régimen había terminado y que ya no había peligro. Pero aunque ahora tienen derecho a votar, muchas han decidido no acudir a las urnas por miedo a las represalias de los fundamentalistas, muy activos desde hace dos años. Oficialmente, las mujeres tienen derechos desde 2002, pero sólo dos se han atrevido a presentarse a las presidenciales junto a los otros 40 candidatos. Shahla Ata lucha más por una causa que por una función: “Como candidata estoy compitiendo directamente con 40 hombres. Ellos tienen dinero, yo no. Pese a ello me presento porque cuento con el apoyo de todo el mundo, todos los desfavorecidos están conmigo. Las mujeres, los niños, los jóvenes” De los 17 millones de electores inscritos en el censo, cinco millones son mujeres. Aunque es probable que muchas de las residentes en grandes ciudades acudan a las urnas, la mayoría de las afganas, asentadas en zonas rurales viven bajo el yugo de las tradiciones y las amenazas. Wojma Jan, activista por los derechos de las mujeres: “Para empezar, aconsejamos a las mujeres que vengan a votar pese a todos los problemas y la falta de seguridad reinante. Necesitamos que voten por un candidato que consiga resolver todos estos problemas…porque son problemas que arrastramos desde hace 8 años” Un elocuente ejemplo de la falta de evolución de la condición de la mujer afgana es la controvertida ley recientemente ratificada por el presidente Hamid Karzai. El texto obliga a las mujeres chiíes a satisfacer las pulsiones sexuales de sus maridos y estipula que es necesaria la autorización de éstos para salir de sus casas. Esta diputada lucha cotidianamente por los derechos de las mujeres en Afganistán. Su último combate, fue precisamente esa ley, que pese a las enmiendas presentadas sigue incluyendo algunos artículos extremadamente represivos. Y eso pese a la condena unánime de la comunidad internacional. Shinkai Zahine Karokhail: “En realidad, a las mujeres de este país no se nos considera seres humanos. Porque si lo hicieran, nos tratarían como a tales” Para muchas mujeres como Shinkai, la concesión electoral de Karzai a la minoría chií es una traición, pero el presidente saliente sigue siendo extremadamente popular entre las mujeres de Kabúl, que le siguen viendo como el artífice de la reapertura de los colegios a las niñas tras la caída de los talibanes.