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Casas inteligentes que producen más energía de la que comsumen

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Casas inteligentes que producen más energía de la que comsumen

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Se trata de un paso más adelante en la eliminación de emisiones de dióxido de carbono. Les presentamos la primera “Casa Activa” del mundo, que está siendo puesta a prueba en Aarhus, Dinamarca. Se trata de un hogar altamente eficiente que genera más energía de la que necesita gracias a sus paneles solares y a una bomba de calor

“Durante 8 meses al año produce más electricidad de la que la casa consume y en los cuatro restantes utiliza los excedentes. Estos quedan almacenados en la red eléctrica de la casa, que funciona como una especie de batería o depósito para guardar la energía eléctrica”, explica Rikke Lildholdt, responsable del proyecto. La casa produce 60 kilowatios/hora por metro cuadrado al año y se calcula que la familia que se instaló para la prueba el pasado julio consumirá unos 53. Sus miembros pueden seguir su consumo y producción de energía y calor a diario. “Hoy hemos consumido 5.16 kilowatios/hora – comenta Sverre Simonson, padre de la familia – pero hemos producido 17.3 kilowatios/hora de electricidad y 7 kilowatios/hora de calor solar”. La casa parece tener vida propia. Las ventanas y cortinas se controlan por ordenador para regular la temperatura interna. La ventilación y calefacción es independiente en 11 zonas distintas de la casa. Sin embargo para los diseñadores, como deja entrever Lildholdt, la principal diferencia respecto a las “casas pasivas” está en la comodidad: “Lo que intentamos en la casa activa es traer el exterior adentro y viceversa. Por eso hay muchas más ventanas, hay mucha más luz natural. En una casa activa la luz del sol entra por sus cuatro costados, incluído el norte. En una casa pasiva normalmente sólo se permite la entrada de luz por el lado sur”. Gracias a unos sensores conectados a un ordenador, la temperatura en la casa nunca es muy caliente en verano ni muy fría en invierno. La vivienda corrige incluso el comportamiento de sus inquilinos si no es energéticamente eficiente. “Debido a nuestros hijos la primera noche dejamos encendida una luz en el pasillo. Nos fuimos a la cama y a los 10 minutos la luz se apagó. Tan sólo nos quedó reir, porque se apagó automáticamente. Era la forma que tenía la casa de decirnos que ese no era un consumo óptimo de energía”, explica Sverre Simonson. La vivienda, de 190 metros cuadrados, ha supuesto una inversión de 500.000 euros. Se están construyendo otras siete en Europa, aunque aún no se ha determinado cómo reducir costes para hacerlas más accesible.