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La contaminación acústica en los mares

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La contaminación acústica en los mares

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Es una soleada mañana de septiembre en el mar Tirreno, al norte de Sicilia. Un barco de la asociación medioambiental local lleva a Laura y sus amigos a lo largo de las islas Eolias.

Las cálidas aguas favorecen la presencia de ballenas y delfines. Pero el incremento del turismo y el desarrollo industrial pueden dañar a estos animales. Algo que preocupa a Laura Abbriano, que ve en los problemas que sufren los mamíferos marinos, un síntoma de un peligro que puede ser aún mayor: “Estudiamos los cetáceos, principalmente, porque estos animales están en lo más alto de la cadena alimentaria y su comportamiento nos ayuda a determinar la situación general de los entornos marinos”. Todo depende del equilibrio. Como cualquier medio natural, el ecosistema bajo el agua se obtiene gracias a la armonía entre los organismos que lo habitan. Una brecha en la cadena alimentaria podría causar graves daños a muchas especies. Los peligros son varios. Uno de los principales es la contaminación acústica de los mares con ruidos artificiales. Aquí, en el Aquarium de Barcelona, los habitantes marinos están bien protegidos tras un grueso cristal. Pero en el mar abierto, los animales no pueden escapar de la acción del hombre “Lo que hay que entender es que algunos organismos marinos, que han vivido en este entorno durante millones de años, se han adaptado debido a la información acústica que reciben. Sobre todo los mamíferos, los cetáceos que utilizan los sonidos para todas sus actividades. Nuestros ruidos contaminan el área en el que viven y dificulta el que reciban la información correcta , lo que pone en peligro sus vidas” explica Michel André. Lo primero que aprenden los cetáceos es a manejar los sonidos para comunicarse, navegar y buscar alimento. No pueden depender de sus otros sentidos, ya que su efectividad en el agua es limitada. Los ruidos producidos por la industria, los aparatos de prueba acústicos y de transporte marítimo pueden traumatizar e incapacitar a los cetáceos a recibir la información básica para su supervivencia. “Creo que puede ser comparado con la vista para los humanos: si nuestra visión es limitada somos incapaces de vivir sin ayuda. Para estos animales, sus actividades diarias se ven muy dificultadas al no poder orientarse a través de los sonidos” dice Michel André. Algunos de los sonidos emitidos por los mamíferos marinos pueden ser oídos a varios kilómetros de distancia bajo el agua. De vuelta en las islas Eolias, los ecologistas buscan cetáceos en las proximidades usando aparatos de escucha electrónica. “Esto es un hidrófono” nos explica Laura Abbriano “una especie de micrófono que permite capturar los sonidos bajo el agua, en particular los emitidos por ballenas y delfines”. Pero no hay suerte: el motor de este barco hace un ruido horrible debajo de la supercie. Los cetáceos, con su delicada audición, tratan de evitar estos ruidos alejándose o buceando hasta peligrosas profundidades. El efecto negativo de la contaminación ambiental es cada vez más claro, pero los datos científicos aún son escasos. Para obtener más información, los científicos sumergen hidrófonos en aguas profundas a miles de metros bajo el mar. Desplegados en el fondo, los aparatos de este tipo no afectan a la vida marina. Este método es mejor para el entorno que el empleo dispositivos de escucha de los barcos. Además, cuenta con la gran ventaja de que permite un acceso permanente a los datos. Con una buena infraestructura estos observatorios envían la información sin demora. Un ejemplo lo encontramos en el puerto de Catania. Aquí, un laboratorio participa en la misión europea LIDO: “Un hidrófono puede ser sumergido en el agua desde un barco para una grabación local o, como en el caso de LIDO, instalado bajo el agua y conectado con fibra óptica a los ordenadores de tierra, que permiten escuchar en tiempo real los sonidos emitidos por los cetáceos a varios kilómetros de distancia” cuenta Giorgio Riccobene. El proyecto LIDO se coordina en el Laboratorio de Aplicaciones Bioacústicas en Vilanova i la Geltrú, cerca de Barcelona. Es el centro de referencia donde se concentran y se procesan todos los datos recibidos de la Red Europea de Observatorios Marinos, una asociación que comprende once observatorios europeos. “Primero filtramos la información para ver si hay algún hecho acústico interesante, como silvidos, señales de los cetáceos o ruido de actividad humana. Después la clasificamos y transmitimos los datos al público en general. Cualquiera puede bajarse el análisis de los resultados, está en internet” explica Mike Van der Schaar. La base científica, establecida aquí, permite identificar y clasificar automáticamente cualquier sonido de origen natural o artificial, siguiendo unos patrones de análisis. “Las barras verticales son los chasquidos que los cachalotes utlizan para encontrar calamares, una de sus principales presas. Es sólo un ejemplo del sonido que puede ser grabado debajo del agua”. Así nos lo muestra Serge Zaugg. “Este ruido es producido por un barco. Distinguir el sonido de un cachalote de un barco es fácil para un hombre, pero es complicado para una máquina. Así que de lo que tratamos es de desarrollar un método automático que lo distinga”. El sistema está siendo diseñado para monitorizar de forma continua las poblaciones marinas con el fin de conocer el patrón de las migraciones, distribución y su reacción a los sonidos producidos por el hombre. Toda esta información se publica en internet como nos cuenta Michel André: “Hemos creado una página web para que los usuarios puedan acceder y escuchar en tiempo real el sonido enviado por todos los observatorios, para que vean el sonograma; una imagen del sonido que indica la presencia de cachalotes, delfines o de un barco y en la que se muestra cómo interactúan”. Un mejor conocimiento de los efectos que provoca el ruido en los delfines y ballenas podría mitigar la amenaza que supone para los cetáceos la actividad humana. La única forma de aprender más es escuchar lo que ocurre en el fondo del mar.

http://www.sonsdemar.eu/
http://www.lab.upc.es/