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¿Qué hacen cuatro rusos, un francés y un alemán encerrados durante 105 días en una cámara completamente aislada del exterior?

No es ningún chiste, sino Mars 500, el experimento ruso-europeo que prepara, desde Moscú, una futura misión tripulada a Marte. “Bueno, se han acabado los 105 días de aislamiento”, comenta aliviado el francés Cyrille Fournier. Un proyecto del Instituto de Problemas Bio-Médicos y la Agencia Espacial Europea. Bajo constante vigilancia, este equipo exclusivamente masculino ha llevado a cabo 72 experimentos con el fin de obtener datos útiles para una futura misión real al planeta rojo. Se simularon las principales circunstancias de un largo viaje espacial. Menos la falta de gravedad y la radiación solar, más fáciles de investigar desde la Estación Espacial Internacional. Algunas operaciones fueron repetidas cientos de veces. “Desde un punto de vista intelectual”, comenta Fournier, “ha sido, por supuesto, muy interesante participar en una investigación extremadamente detallada de la que se obtendrán importantes conclusiones científicas. Creo que es muy importante para el equipo científico mantener la motivación de la tripulación mediante el control regular de los experimentos”. “Con el tiempo, comenzamos a apreciar más los experimentos más complicados que requerían un poco más de preparación, que de alguna forma constituían un reto”, recuerda el tripulante alemán Oliver Knickel. “Al mismo tiempo, algunos experimentos sencillos que habíamos repetido con frecuencia, hasta dos veces al día, eran muy monótonos y se volvieron difíciles de llevar a cabo”. Se extrajeron todo tipo de muestras para ser analizadas por los investigadores, que también monitorizaban los datos médicos. “Estas son bolsas que almacenan muestras de aire exhalado”, explica el investigador ruso Dmitriy Tsarkov. “Realizamos un experimento para desarrollar un método eficiente y no invasivo de diagnóstico de varias enfermedades en estado temprano”. Aunque los científicos de toda Europa consideran esta misión un éxito, sus resultados no han sido aún revelados. Estos datos serán utilizados en primer lugar para preparar la siguiente fase del experimento, cuyo comienzo está previsto para 2010. Los estudios realizados han sido de gran variedad, como explica este responsable del programa de la Agencia Espacial Europea: “Los experimentos de estos 105 días estudian principalmente los efectos fisiológicos y psicológicos: el estrés ligado a problemas cardiovasculares, la influencia en el sistema inmunitario…Por supuesto, la colaboración y convivencia entre las personas y los aspectos relacionados con la dieta juegan un papel fundamental”. “El principal objetivo es descubrir los potenciales límites del ser humano en un espacio cerrado”, apunta Anatoly Grigoriev, vicepresidente de la Academia de Ciencias Rusa. “Esto explica el amplio número de experimentos fisiológicos. Sin embargo, el estudio investiga no solo las funciones físicas y las habilidades profesionales de un individuo, sino también su componente psicológico, por lo que hay muchos experimentos psico-fisiológicos. ¿Cómo duermen? ¿Cómo se comunican entre sí? Es la psicología de un grupo pequeño”. Con el fin de acercarse más a la vida real, las conexiones entre el control central y el módulo aislado retrasaban veinte minutos el envío y recepción de mensajes. El tiempo de viaje de una señal de radio entre la Tierra y Marte. Los miembros de la tripulación debían apañárselas solitos en cuestiones de limpieza, quién sabe si también como en la vida real. El mantenimiento de las formas dependía, naturalmente, de su capacidad de autocontrol. “El trastorno en el sueño provoca cambios en los niveles personales de irritabilidad”, comenta Cyrille Fournier. “Cuanto más se retrase el sueño, nos volvemos más irritables y menos receptivos ante las señales de comunicación que recibimos. Francamente, también estaba el hecho de que echaba de menos a mi esposa, obviamente, era sobre todo un problema fisiológico que todo el mundo puede entender”. “Creo que la parte más dura ha sido sin duda la monotonía y la constante tensión”, dice Knickel. Si piensas en ello, en tu lugar de trabajo real, sea cual sea tu horario, siempre puedes volver a casa por la noche, hay vacaciones, fines de semana en los que puedes relajarte. Todo eso falta en el módulo”. Un factor esencial para este tipo de medicina es que el ámbito del estudio sobrepase los límites espaciales: los nuevos descubrimientos deben también ayudar a resolver problemas terrenales. “Estudiamos a un hombre sano, sus recursos, la duración de su vida profesional, la fase activa de la vida humana”, comenta Grigoriev. “La humanidad necesita estos conocimientos para resolver cuestiones relacionadas con el envejecimiento, problemas alimenticios, incluso cuestiones sobre la interacción con el ambiente”. Los cinco tripulantes aseguran que el tiempo de encierro se les hizo más corto de lo que pensaban. Como si en lugar de tres meses y medio hubieran sido solo unas pocas semanas. “Hubo momentos especialmente interesantes, sobre todo cuando Oliver celebró su 29 cumpleaños”, rememora Fournier. “Lo celebramos, decoramos el módulo con globos…Oliver había trabajado la noche anterior, así que durmió durante toda la mañana. Eso nos permitió preparar la fiesta sorpresa, que resultó perfecta”. “Fue un día bonito, un bonito cambio respecto a la rutina” afirma el alemán Knickel. La siguiente y última fase durará cinco veces más y será más complicada. En Moscú, el módulo acogerá a una nueva tripulación. Serán 250 días de viaje simulado a Marte, veinte días de estancia en el planeta rojo y otros 250 más de regreso a casa. En la actualidad se lleva a cabo el proceso de selección de los nuevos astronautas virtuales. “Por supuesto, aún necesitamos muchos estudios de este tipo”, comenta Martin Zell, de la Agencia Espacial Europea. “Tanto en la Tierra, bajo diferentes condiciones, como, por supuesto, en la Estación Espacial Internacional, que, en cualquier caso, será el primer paso para la exploración espacial tripulada. Presenta un entorno ideal para la preparación de estos viajes”. La misión está prevista para 2030. Un viaje de al menos 59 millones de kilómetros de ida y otros tantos de vuelta. La distancia mínima que nos separa de Marte y de su órbita elíptica. tagURLhttp://www.esa.int

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