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El Consejo de Europa, festeja sus sesenta años en plena crisis de identidad

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El Consejo de Europa, festeja sus sesenta años en plena crisis de identidad

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La institución pan-europea en la que participan cuarenta y siete países europeos, más los del Caúscaso y Rusia, es la guardiana de los derechos humanos en el Continente. Aunque Thorbjörn Jagland su nuevo secretario general tendrá que lidiar con una crisis política y constitucional de talla.

El noruego, elegido el martes, se niega a hablar de “crisis. Aunque asegura que “es una organización vieja y necesita reformarse adaptarse a un mundo que cambia. Ese es uno de los desafíos del Consejo de Europa”. Lleva años intentándolo. Concretamente para paliar el atasco de denuncias, que se acumulan en el Tribunal de Derechos Humanos. La Corte es víctima de su éxito. Fue en 1949 cuando el Consejo de Europa vio la luz. La institución, ganó brío con la caída del muro de Berlín y la llegada de los países del centro y el este de Europa y de Rusia. Su objetivo es favorecer el desarrollo de un espacio democrático y jurídico común tomando como base la Convención Europea de Derechos Humanos, tal y como explica Jean Claude Mignon. El parlamentario francés declara que “el Consejo de Europa es una institución irremplazable. Tratamos de los derechos humanos. Y nos asombra ver como la Unión Europea y el Parlamento Europeo, que tienen otras cosas que hacer se amparan de estos asuntos, que son la esencia, el espíritu y la razón de ser del Consejo de Europa”. Otro quebradero de cabeza es Rusia, que torpedea a menudo la toma de decisiones. Este jueves se ha querido limitar los poderes de su delegación con una moción que no ha prosperado. El parlamentario ruso Konstantin Kosachev comenta que “si se analiza la lista de firmas de esta moción, muchas proceden de los Países Bálticos, de Polonia, de Ucrania, y es malo, porque no estamos hablando de valores sino de cómo golpear a un país en concreto”. Jagland que ha jurado su cargo este jueves, tendrá que luchar asimismo con las cacofonías entre los diferentes países miembros, en una institución cuyas resoluciones pecan de poco audibles.